Martes | 04/07/2017







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Los Cuentos de Encarnación - #125


SIN VARITAS MÁGICAS

Quiero contarles un cuento de un par de hermanos, pero para eso debo recordarles uno que ya publiqué hace un par de años en el que los protagonistas son los mismos... Hoy les dejo el "viejo" y la semana que viene les comparto la secuela.


Sin varitas mágicas

Esta lección la aprendí hace muchos años, yo no tengo hermanos de sangre (he adoptado unos cuantos), pero una persona me enseñó que no importa si es mayor o menor, los hermanos tienen un instinto protector innato y la necesidad de luchar y defenderse entre sí.

Recuerdo que estábamos en alguna actividad con los jóvenes de la parroquia, era como una especie de convivencia o algo por el estilo. Una de las chicas tuvo que traerse a su hermanito menor porque sus padres estaban en un curso. El chiquito, de unos 5 años, muy pilas (como todos los chamos de ahora), se adaptó rápido al grupo de amigos de su hermana. Los grandes, aprovechaban para colmar la paciencia del niño tratándolo como una especie de mascota, pero él no se dejaba intimidar y trataba de divertirse lo mejor que podía.



La cosa se puso peliaguda cuando uno de los chicos comenzó a fastidiar al niño diciéndole que él iba a ser novio de su hermana y que se la iba a llevar. Ése fue el colmo y todas las alarmas del pequeño se activaron. Comenzó la pelea verbal y la ofrecedera de golpes (a manera infantil, los grandes sólo pretendían que el hermanito de mi amiga se molestara), de lado y lado porque ninguno paraba de atacar y defender respectivamente. Fue entonces cuando el provocador expresó tajante:

- Yo voy a ser el novio de tu hermana chico, ¡y me la voy a llevar!... Y a ti te voy a desaparecer (afirmó el joven amenazadoramente tomando un bate de béisbol con el que habíamos estado jugando)

El niño respondió sin una pizca de miedo y casi burlándose de él:

- Ni que eso fuera una varita mágica

El joven se paralizó. ¿Cómo responder a semejante afirmación que desbarataba su argumento violento? Todos los que estábamos alrededor soltamos la carcajada al ver que un tarajayo de 17 años se callaba ante la ingeniosa inocencia de un niño de 5 años.

Hasta allí llegó el chalequeo ese día, y sé que ese par de hermanos todavía tiene muy buena relación y se siguen defendiendo y apoyando.

Nacemos con ese instinto protector de la familia... algunos lo pierden en el camino, pero es posible recuperarlo... y sin varita mágica. Pero ése será otro cuento. No olviden escribirme los suyos a vida@resumendenoticias.com.ve.




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