Los Cuentos de Encarnación - #122


Pensar en el otro

Como buena tía que soy de todos mis sobrinos adiptivos, grandes y bebesitos, cuando ando de compras voy pendiente de ver si consigo algo que ellos necesiten.


En un viaje reciente al supermercado observé que había masa para pastelito y recordé que una de mis amigas mamás me había comentado que le resolvían mucho los desayunos del niño y que tenía tiempo que no veía en ningún lado. Reviso el precio, me pareció algo costoso, pero tomé un paquete y le envié un mensaje a la madre de la criatura para que me confirmara si podía compartir el costo conmigo.

Mientras espero respuesta sigo dando vueltas por lo pasillos a ver qué caso que no acabe con mi presupuesto, cuando de la nada se me acerca un vigilante del local. Pienso en seguida un tanto asustada: "¿Qué tumbé? Seguro hice un desastre y ni me dí cuenta".

- Señora, disculpe, ¿usted vio el precio de ese producto?- señala el paquete de masa para pastelito.
- Sí señor, 16mil y pico.
- 16.500 señora. Se lo digo para que no se lleve la sorpresa en la caja.
- Gracias.

Desconcierto. Extrañeza. Este tipo que no me conoce, que no sabe cuánto gano o porqué estoy comprando la fulana masa, me advirtió de su elevado costo porque le pareció lo correcto. Susto, pensé mejor llamar a mi amiga porque como que el asunto del precio sí era fuerte. Me tranquilizó saber que estaba consciente del aumento y que mejor la compraba porque luego se podía poner más cara, decidimos ir mitad y mitad con el gasto.

Pero me dio contento pensar que este señor se tomó la molestia de acercarse, hablarle a una desconocida y tratar de prevenirla de un posible mal rato. Eso es pensar en el otro, así, sin más predicado y sin ningún adjetivo; solo pensar en el bienestar del otro.

¡Hasta el próximo cuento!

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