Los Cuentos de Encarnación - #118


Soy mamá, no mocha

El pasado domingo celebraremos el "Día de la Madre", no soy muy fan de los "Días de tal o cual", porque se les ha dado todo un enfoque comercial que ya es tan exagerado que van perdiendo el sentido de lo que se conmemora; pero sí creo que es una excusa perfecta para reunir a la familia y compartir. Personalmente, las comilonas que hacíamos en mi pueblo eran mun-di-a-les (valga la mala separación de la palabra).




Pero quiero compartirles este cuento de mi compañera de RDN, Judith Rodríguez, porque creo que, como la protagonista, más de una se dará cuenta que no está sola en este tema de la crianza.


Soy mamá, no mocha

Cuando me faltaban pocas semanas para dar a luz al conocido Nacho, perdí mi trabajo. La verdad no me enrollé mucho y disfruté los primeros meses con mi niño, pero llegó un momento en que tocó buscar trabajo. Comencé a meter currículo en varias empresas y más pronto de lo que esperaba me llamaron a una entrevista, el asunto es que no tenía quien cuidara al bebé (no había conseguido guardería y me llamaron de un día para otro). Le informé a la persona que me llamó la situación y que la única manera que podía asistir era llevando a mi hijo a la reunión.

Esperaba su negativa contundente cuando, para mi sorpresa, me respondió: “No hay problema, tráelo”. Estoy segura que a más de una mamá le ha tocado llevarse a su hijo(s) o hija(s) a la oficina; pero jamás pensé que llevarlo a la entrevista para optar por un puesto fuera “permitido” laboralmente, es como raro.

La reunión se dio con éxito entre algo de llanto, algo de meterse debajo del escritorio para sacar el niño, algo de "no toques eso"... En fin, me sorprendí más cuando me llamaron un par de días después para ofrecerme el puesto. Luego me decantaría por una segunda opción (a ésa entrevista sí pude ir sin Nacho) en la Universidad Católica Rosa, donde actualmente laboro.

Como era de esperarse, ya Nacho se conoce la Universidad y se ha ganado varios amigos; aunque cuando él está conmigo me cuesta trabajar, no he dejado de hacerlo. Un día de esos, cuando lo amamantaba en la oficina, se acercaron unas estudiantes para hacerme una consulta. La verdad yo estaba un poco apenada porque sé que a mucha gente le incomoda ver a una madre dando pecho, pero las estudiantes más bien se fascinaron y una de ellas me explicó que estaba involucrada con una ONG que promovía la lactancia materna en los espacios laborales, hasta me tomó una foto para demostrar que una mamá podía dar teta en su oficina sin detrimento de su trabajo.

¡Bravo por esa gente que reconoce que las mamás que lactan son simplemente madres, no mochas!

Todo esto me vino a la mente porque recientemente otra estudiante vino a pedirme hacer las pasantías para optar al título de Licenciada, llegó con una gorda bella de ocho meses que no paraba de sonreír. La entrevisté, sin dejar de recordar la vez que me tocó a mí pasar por la misma situación y ahora, mientras escribo este cuento, las miro a las dos en suelo de mi oficina, una jugando y la otra jerarquizando material para una cartelera.

Es así… Somos madres, no mochas.

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