Los Cuentos de Encarnación - #108


¿DE DÓNDE VIENE LA FUERZA?

Considerando que estas semanas la fatiga parece vencerme, quise rescatar este cuento de hace un par de años que me viene a mí misma como anillo al dedo...


¿DE DÓNDE VIENE LA FUERZA?

Sé que es un pregunta un poco estúpida, se supone que si te ejercitas y te alimentas bien, fortaleces tu músculos y aumenta tu capacidad física para levantar peso, correr, etc, etc. Pero lean el cuento que me llevó a hacerme esa pregunta...

Regresaba a mi casa de la universidad y al salir de la estación del metro me doy cuenta que la escalera mecánica está dañada. Yo venía cansadísima, creo que había tenido un examen ese día; pero ni modo, tocaba subir sin ayuda. Unos cuantos escalones más arriba, casi llegando al descanso de la escalera, veo a una señora mayor, parecía que pudiera ser mi bisabuela, no sólo luchando para subir su cuerpecito achicado y enflaquecido por los años y la mala alimentación, sino también tratando de subir una bolsa grandísima.

Todos le pasaban por el lado y nadie se detenía a ayudarla. Pues vengo yo, tratando de hacer mi buena acción del día, me le acerco con mi actitud de boy scout siempre dispuesto y le ofrezco mi ayuda. La señora me responde: "No mija, esa bolsa pesa mucho. No se preocupe que yo la subo poco a poco". ¿Se imaginan? La señora más chiquita y más flaquita que yo... ¡y me dice que esa bolsa es muy pesada para mí! Le insisto y le insisto hasta que me deja agarrar la bolsa.

Yo creo que las risas de la señora se escucharon en toda la estación y hasta en la calle escaleras arriba. ¿Pueden creer que pude levantar la bendita bolsa? "¡Abuela! ¿Y qué lleva usted aquí? ¿piedras?" le solté sin reparo. Y esa señora risa y risa. Logro montarme el parapeto en la espalda para poder subir mejor y empezamos el ascenso. Me cuenta que son cocos, porque ella hace dulces para vender. ¡Y yo que ODIO el coco! Evidentemente después de este episodio lo odio más.

Llegamos a la calle y a la abuela le tocaba tomar una camioneta (autobús) para llegar a su casa. La dejo en la parada y sigo mi camino no sólo más cansada sino con la mano y la espalda magullada por los cocos.

En ese momento me pregunté, ¿cuántos años tendrá esa señora levantando pesos como ese todos los días? Porque sí, le costaba subir la bolsa por las escaleras, pero créanme a mi me costó más. ¿De dónde saca fuerzas todavía para andar en el trajín de irse a algún mercado a comprar los cocos y regresarse subiendo y bajando escaleras con ese peso? Quizá sea el deseo de vivir, la supervivencia lo que la motiva y fortalece. No lo sé... El punto es que de pronto mis cargas como que se empequeñecieron, yo lo único que tenía que hacer en ese momento era estudiar, mis padres me proporcionaban lo necesario para vivir ¡y me quejaba!

Esa noche recibí no sólo una lección de humildad, sino de perseverancia.

¿Y ustedes? ¿De dónde viene su fuerza? Cuéntenme por vida@resumendenoticias.com.ve

¡Hasta el próximo cuento!

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