Los Cuentos de Encarnación - #105


EXTRAÑANDO A UN EXTRAÑO


Hay personas a las que, sin necesidad de saber su nombre, extrañamos cuando no están, lean lo que me pasó a mi...

En casi todos los edificios hay un vecino que es el "todero", resuelve muchos problemas y le mete la mano a cualquier reparación de emergencia que uno necesite. Va de plomero a albañil e incluso electricista en un santiamén. Incluso ayuda con cosas que no necesariamente son parte de su oficio(s) si uno le pide ayuda; por ejemplo: subir la maleta de la mamá de uno por las escaleras cuando no hay ascensor.

Al del edificio donde vivo le llamaban Morocho, ni idea de por qué, la verdad no le conocí hermanos. Era un señor muy amable que desde que llegué me trató con mucho respeto, una de las pocas personas que me llamaba "señora" siempre que me veía. Recién mudada me ayudó con un problema con una tubería (lo contraté por recomendación de las personas de la Junta de Condominio) y recientemente que una llave de agua comenzó a gotear le dije que cuando pudiera pasara para revisarla.

Al principio no me pareció de fiar porque lo había oído nombrar desde el primer día y luego lo veía siempre frente a la venta de cerveza que tenemos cerca, ejercitando su codo. Pero el Morocho, con su servicialidad, se ganó mi confianza.

Cuando le dije que viniera a revisar la gotera de la llave, lo noté diferente, como desganado, más flaco de lo que suele estar. Pero como me respondió con tanta disposición que pronto vendría, me quedé tranquila.

Pasaron días sin verlo. Una mañana iba bajando en ascensor y se abrieron las puertas en su piso. Apareció Morocho como un fantasma, flaaaaaaco. "Buenos días señora", me dijo con su habitual cortesía. Le respondí, pero no sé si supe ocultar mi preocupación. Esa noche y las siguientes traté de ubicar a alguien que me dijera qué le pasaba, pero no logré hablar con nadie.

Pocos días después vi la nota en planta en baja, el Morocho había fallecido, se llamaba José, me enteré al leer, e invitaban a los vecinos al sepelio.

Sé que tenía algún familiar en el edificio, pero la verdad no los conozco, no tuve a nadie a quien expresarle mi pesar por la partida de ese señor.

Ahora extraño a ese extraño que me tendió la mano y que siempre estuvo dispuesto a ayudarme, hasta el final. Ojalá yo pueda copiar su actitud de servicio.

No teman contarme sus historias de personajes como el Morocho por vida@resumendenoticias.com.ve o cortico por @LosCuentosDeE.

¡Hasta el próximo cuento!

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