Los Cuentos de Encarnación - #104


TERTULIA IMPROVISADA

¡Feliz año mis queridos lectores! Antes de echarles el primer cuento del año quiero desearles que este 2017 esté lleno de salud y amor para ustedes y sus seres queridos.

Y... para no perder la tradición, les cuento lo que me pasó el mes pasado en el Metro de Caracas...

Tempranito, había más o menos flujo de personas, por lo menos lo suficiente para que me tocara viajar parada, a mí y a varios otros. Voy yo, de lo más tranquila, con la mente ocupada en los quehaceres inmediatos, y al llegar a la siguiente estación casi no se bajó nadie pero sí se montaron varias personas, entre ellas logré ver a dos madres con sus bebés cargados. Los asientos preferenciales estaban ocupados por adultos mayores y nadie las vio o (no quisieron ofrecerles puesto), por lo que se acomodaron como pudieron agarrándose de donde pudieron.

En situaciones como ésa, yo suelo esperar que la buena voluntad de la gente haga su magia, pero al ver que el tren arrancaba y una se tamboleó que requirió ayuda para no caerse, no pude contener la angustia, y grité: "Dos personas solidarias que le cedan su asiento a dos madres que vienes con sus hijos en brazos".

Al instante dos hombres se pararon y el resto de los pasajeros las ayudaron a llegar a las sillas, entonces vi una tercera mamá con su chamo así que volví a gritar: "Otra persona solidaria por favor, necesitamos otro asiento"; y otro joven se paró.

En eso, escuché una voz detrás mío (no era el señor del susto del otro cuento): "No sólo los caballeros, las mujeres también pueden ceder el asiento". Me volteo y respondo: "Por eso dije 'personas solidarias' y no 'caballeros', porque yo creo que la caballerosidad está sobreestimada".

Una señora que escuchó aportó: "No se crea, últimamente las mujeres son las que ofrecen asiento". Y una de las jóvenes que había recibido uno de los que yo había pedido comentó "Es verdad, me ha pasado últimamente que son más las mujeres las que me ceden su puesto".

Total que nos pusimos a conversar los cuatro, de lo más amenamente, sobre valores, caballerosidad, mujerosidad o damosidad (no sabíamos qué nombre ponerle), solidaridad... Y lo curioso del asunto es que fue positivamente, no andábamos quejándonos, sino como reconociendo lo que uno ve en la calle, lo que habíamos aprendido en casa, echando cuentos pues. Uno de los mejores viajes en metro que he tenido.

¿Cuántas veces no les ha pasado que logran entablar una tertulia así con extraños? ¡Cuéntenme a través de vida@resumendenoticias.com.ve o por @LosCuentosDeE!

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