Alma & Escena - Nro.22


FE, COLORES, Y SABORES: 
LA PARADURA DEL NIÑO JESÚS

Vestidos de San José y la Virgen, ángeles, pastorcitos, fuegos artificiales, música en vivo. No es una fiesta de disfraces ni los preparativos para una producción de cine. Familias movilizadas, invitaciones, comida para compartir, vino y bizcochuelo, dulces, cotillones para los niños; se trata de la fiesta que por devoción, se ofrece al Niño Jesús, para pedir o agradecer favores recibidos. Es, la Paradura del Niño Jesús. Una fiesta que se acostumbra a  realizarse entre el 1ero de enero y el 2 de febrero, día de la Candelaria, sobre todo en la región andina: Mérida, Trujillo, Táchira y algunas localidades de Barinas. Una tradición que se remonta a la época de la Colonia, pero que ha venido nutriendo la cultura local, convirtiéndose en una de las fiestas más importantes del año. 

Desde meses anteriores, empiezan los preparativos: fijar la fecha, contratar a los músicos, cuatro, guitarra, violín, maracas, voces, que amenizarán con los Versos del Niño y otros cantos religiosos como la Salve a la Virgen María, aguinaldos y villancicos. Los Versos indican todas las acciones para adorar al Niño Jesús durante su Paradura. En las zonas rurales, supone más que una fiesta, es una algarabía que se manifiesta en el compartir de lo poco o mucho que se tenga; si hay, la familia comparte, si no hay, se busca la manera, pero nadie puede irse de la Paradura sin haber probado comida, hallacas o sancochos, dulce de lechoza, de higo, gelatina, quesillo, majarete, las bebidas preparadas en casa y para la ocasión: ponche crema o leche e´burra  y aguardiente. Desde el año anterior, se escoge el animal que se engordará para prepararlo para el gran día: cerdo, ovejo, vaca o gallinas, para el banquete del Niño. Curiosamente, quienes poseen menos recursos, son los más esmerados a la hora de compartir. Quien llega a la casa, pasa a la mesa familiar a comer. Al final de la Paradura, el bizcochuelo y el vino, complementan la ofrenda a los asistentes. Los padrinos son miembros de la familia, y son los encargados de tener consigo la imagen del Niño Jesús, para hacerle los honores. No hay excusa para no hacer la Fiesta del Niño. 

El robo del Niño, consiste en que un vecino se lleva a su casa la imagen, y se emprende la búsqueda, con versos, hasta conseguirlo, en una colorida procesión encabezada por San José y la Virgen vestidos, los ángeles y pastorcitos, seguidos de los padrinos y los músicos, que acompañan todo el recorrido con música en vivo.  El responsable de la pólvora, detona los fuegos artificiales y morteros, que anuncia, que allí va la procecsión del Niño Jesús. Los asistentes siguen la procesión, acompañando con los cantos, orando y portando velas encendidas, para adorar al Niño. 

Es una de las fiestas más coloridas, y se puede decir que completas, supone un viaje en el acervo cultural, pues en un mismo día podemos recrear nuestros sentidos: la vista con el espectáculo de disfraces, fuegos artificiales, el gusto, pues cada familia se encarga de pasearnos por lo mejor de los sabores típicos de alimentos dulces y salados, así como bebidas típicas y artesanales. El oído, pues es el momento de escuchar cantos de alabanza, canciones prácticamente inéditas, y músicos, que terminan siendo los maestros de la cultura local, pues muchos de ellos, se iniciaron en la música de manera empírica y a muy temprana edad, cuando sus familiares sembraron en ellos la prioridad de mantener la tradición de tocar las Paraduras del Niño. Un buen pretexto también para iniciarlos en la música. El olfato, porque es muy característico el olor de las fechas, pólvora, velas encendidas, comidas y licores. La práctica espiritual es la más importante Es el momento de agradecer por los favores recibidos durante el año, la salud, las cosechas, y pedir también por el nuevo año, por lo que se acostumbra también a germinar algunos granos, y ofrendarlos en el pesebre, para que el Niño Jesús proteja y garantice la integridad de las cosechas y el sustento. La realización de la Paradura del Niño, es un acto de fe, de devoción, de entrega, se reza el Santo Rosario y se pide por cada uno de los miembros de la familia. Según la tradición, si se empezó a hacer alguna vez la Paradura, no se puede abandonar la costumbre, no puede dejar de hacerlo, pues es de desagrado para el Niño Dios y el castigo, podría venir en camino. Un festín que poco se practica, en otras ciudades más grandes, por lo que es una carta de presentación sobre nuestra procedencia, realizar la Paradura en otra región de Venezuela y el mundo. Si hay necesidades físicas o espirituales, si pedimos protección para nuestros seres queridos, si el año fue bueno y fructífero, si falta el trabajo y el sustento, si necesitamos una vivienda, si el desamor cubrió aquellos lazos con seres queridos, si la vida ha sido generosa con nosotros, si buscamos hacer un hogar hermoso, desde el amor y el respeto, la paz y la dicha, para lograr aquello que anhelamos y necesitamos, el Niño Jesús estará complacido de ayudarnos, y henchido de amor si somos agradecidos..la Paradura del Niño es una buena manera de pedir y agradecer, al mismo tiempo de compartir con quienes necesitan, o quienes apreciamos y por rutinas u ocupaciones, no podemos ver durante el año. Es un reencuentro con nuestras raíces, con los familiares y amigos, con la espiritualidad, y con nosotros mismos. 

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