Martes | 08/11/2016


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Los Cuentos de Encarnación - Nro.99


UN PINCHE SÁNDUCHE

Yo soy de las que les gusta desayunar, pero DESAYUNAR... Los sábados son de arepa con huevito (como me provoque ese día: revueltos, fritos, en omelet, perico...), los domingos suelo hacer panquecas (LA TORRE, ¿ok?) y de lunes a viernes suelo prepararme un pan por tema de practicidad y rapidez y de hecho no como en casa sino que me lo llevo para comer al llegar a la oficina.

Cuando no había que hacer cola para comprar pan, solía comerme media canilla o un buen pedazo de pan campesino. Ahora, compro pan de sánduche. Como la masa no está pa' bollo, me preparo un pinche sánduche nada más, cosa que no me llega ni una muela. Antes podía aguantar hasta la 1pm o más para almorzar y ahora a las 12 en punto estoy como muerta de hambre.

No se crean, agradezco cada pedazo de comida que puedo llevarme a la boca, porque sé que muchos venezolanos la están pasando mal; pero no les puedo decir que no extraño las mieles de mis desayunos de antaño.

¿Por qué les cuento esto? Verán...

Una de estas mañanas opté por usar el transporte el público superficial, porque sospeché que iban a cerrar algunas estaciones de metro. Voy de lo más distraída en mi camionetica (autobús) y de repente se monta alguien con el típico discurso: "Buenos días señores pasajeros. Gracias por los buenos días...". No le estaba prestando mucha atención al caballero que estaba hablando hasta que escuché el nombre de mi pueblo. Entonces volteé. "Yo quiero regresarme para allá, pero el pasaje cuesta (no me acuerdo cuánto era) y sólo tengo (tampoco me acuerdo); pero mucho les agradecería si me pudieran ayudar con cualquier cosa que puedan porque no he comido nada desde ayer al mediodía".

Yo, que no suelo colaborar con nadie ni en camionetas ni en el metro, pensé: "¿y cómo ayudo al paisano? No tengo plata, ando con lo justo". Me acordé del pinche sánduche, lo saqué de la bolsita donde lo tenía y se lo di. Me respondió con un "que Dios se lo multiplique" y no pude evitar responderle, con la panza sonándome desde ese mismo instante, "ojalá, porque me quedé sin desayuno".

El paisano se bajó de la camioneta y yo me quedé pensando cómo reprogramar el presupuesto a ver si me podía comprar algo para que mi estómago no me siguiera reclamando. El bus se paró en un semáforo y entonces lo vi: el paisano se estaba comiendo mi pinche sánduche como si de un manjar se tratara, ¡con un gusto! Que hasta se me acabó el hambre a mí. Supongo que sintió mi mirada porque levantó la vista del pan y me sonrió, pero de oreja a oreja, me hizo un gesto de aprobación con la mano y siguió mordiendo.

¡Qué digo multiplicar! Ése recuerdo que me dejó el paisano es un regalo de Dios que me quita el hambre cada vez que lo pienso.

Los espero en el próximo cuento... échenme los suyos por  el correo electrónico vida@resumendenoticias.com.ve o @LosCuentosdeE.

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