Martes | 04/10/2016


Leer más!

Efemérides | 04OCT

Leer más!

Nacimiento | 04OCT

Leer más!

Fallecimiento | 04OCT


Leer más!

Ecología | Vida Verde


Leer más!

Los Cuentos de Encarnación - Nro.94


DETENERSE

Éste cuento no se lo esperan, que se los digo yo, que no me lo esperaba... lean lo que me pasó.

Salía del trabajo, acelerada como siempre: tenía que comprar pan para la cena y unas carnes para el almuerzo del día siguiente y quería llegar temprano a la casa para cocinar y poder finalmente descansar del ajetreo diario. A pesar que de camino me quedaba antes la panadería, decidí caminar un poco más para ir a la carnicería primero, agarrar el número (las colas son casi eternas) y luego aprovechar el tiempo para ir a la panadería. Ya saben, siempre tratando de economizar hasta el más mísero segundo.

Cumplida la tarea del pan, me voy un poco más tranquila a la carnicería porque sé que falta para que toque mi número. Me llama la atención una señora, tiene el rostro cansado y, a pesar que pareciera tener mi edad, me parece como avejentada, quizá porque le toca bregar con dos hijos (yo no tengo), un niño y una niña, que la están interpelando con las típicas preguntas del final de la tarde "¿qué vamos a cenar? ¿cómo nos vamos al a casa, en metro o en camioneta?" y le cuentan del colegio y las maestras, casi todo al mismo tiempo.

Y como si hubiese visto un espanto o una explosión la señora se detiene: "¡Ya va!" le dice con autoridad a los muchachos y continúa: "¡Miren el cielo! ¡Qué belleza de atardecer!". Los niños levantaron la vista y enmudecieron... y yo no pude evitar hacer lo mismo. Como venía de frente a ella, tuve que voltearme.

¡Madre mía! ¡Qué espectáculo! Un minuto, treinta segundos... no sé cuanto tiempo pasó, y no me importa, porque la foto que quedó en mi mente grabada de ese cielo no tiene principio ni fin.

Todo en nosotros (la señora, los niños y yo) cambió, fue como un remanso, un momento de paz en medio del tráfico, los deberes, el metro, la escuela, el trabajo... Sólo detenerse y mirar al cielo, eso bastó. En el rostro de todos se dibujó una sonrisa, yo me sentí descansada. Ellos reemprendieron su camino, yo me fui a la carnicería y luego llegué a mi casa, pero con otra actitud menos desesperada y más paciente y me quedé dormida con esa foto en mi cabeza.

Hagan el ejercicio un día. Párense en medio de la acera y miren a su alrededor, es posible que encuentren cosas feas o decepcionantes, hasta deprimentes... pero esperen, levanten la mirada o miren un poco más allá y se admirarán; siempre hay algo bueno en medio de todo lo que parece desastroso. Deténganse... y cuéntenme lo que vieron.

¡Hasta el próximo cuento!

Leer más!

Todos los Miércoles


Leer más!

Todos los Días


Leer más!