Martes | 21/06/2016


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Los Cuentos de Encarnación - Nro.85


INSÓLITO

Insólito... Insólito... Ésa fue la impresión que me dejó este episodio acontecido en el Metro de Caracas la semana pasada. Les cuento:

Tomo un tren de la línea 1, como muchos sabrán, se trata de los nuevos que son como un único vagón gigante. Como donde quedé había mucha gente, comienzo a caminar hacia un espacio más despejado; en el trayecto veo un par de oficiales de policía conversando de lo más tranquilas, avanzo unos pasos más y me detengo porque pude acomodarme sin tanto apretujamiento. Allí la gente venía conversando sobre la falta de alimentos y medicinas y el problema del bachaqueo... normal.

A los pocos minutos se oye la tradicional voz de un vendedor ambulante: "Buenos días mi gente, vengo con la oferta, para que no llegues con las manos vacías a tu casa... tengo los caramelos y los chicles...". Cuando el chico se acerca, luego de vender su mercancía a un par de personas, las policías lo interceptan. Casualmente llegamos a una estación y las puertas se abren, el muchacho sin oir las instrucciones de la oficial se dispone a bajar del tren, pero ella lo detiene amablemente y le indica que lo que le está solicitando es su cédula. El chico responde "¡Ah, ok! No entendí", y sacó su documento. Acto seguido le pidieron que mostrara la mercancía, entre tanto el tren vuelve a arrancar. Entonces se escuchó el grito: "¡Déjenlo trabajaaaar!".

Sólo eso bastó, fue como una chispa que prendió un matorral, otros comenzaron: "¡Déjenlo!", "¡Los ladrones son ustedes", "¡Como está la crisis y el pobre muchacho trabajando", "¡Los malandros son ustedes!"... Y les estoy contando lo menos de la zaparapanda de insultos que les lanzaron a las mujeres que estaban haciendo su trabajo, debo decir además que muy bien porque no hubo atropello de ningún tipo, ni le estaban quitando las cosas al muchacho, ni nada por estilo. Una supervisora u oficial de mayor rango (supongo porque las dos oficiales le mostraron respeto), parecía vestida de civil pero luego percaté que la chaqueta que traía tenía identificación policial, intentó calmar a la gente que seguía gritando improperios ya sin ton ni son. Como la gente no se calmaba, los cuatro (policías y vendedor) se vieron obligados a bajar en la siguiente estación. La gente siguió despotricando un par de estaciones más.

Yo estaba atónita. ¿Cómo es posible? ¡Insólito!

Sí, yo sé que la situación económica es muy dura y nos vemos en la necesidad de resolver de alguna manera; pero eso no justifica que lo hagamos como sea, rompiendo normas que se establecieron para resguardar al público. Vamos a estar claros, si la mendicidad y la buhonería no está permitida en el Metro, es por alguna razón. ¿quiénes somos nosotros para cuestionarla? Y si la cuestionamos, ¿es ésa la manera de hacerlo?

Es verdad, de repente ese muchacho no estaba cometiendo un delito, pero sí estaba haciendo algo indebido. No llamarle la atención implica validar que sus acciones son lícitas. Es como decir de un bebé: no importa que le pegue a otro niño porque no tiene fuerza, no va a hacerle daño. ¿Luego, cuando sí pueda lastimar a alguien con un golpe, cómo le explicamos que eso está mal?

Sí, yo sé, hay muchos policías deshonestos y corruptos; pero éstas chicas estaban haciendo su trabajo de la mejor manera, ¿por qué entonces las atacamos a ellas que lo están haciendo bien? ¿ahora, cómo ellas sentirán que vale la pena seguir trabajando con decencia cuando nosotros no valoramos su esfuerzo?

Mi gente, mis lectores, por favor, cuando vean a un funcionario, oficial de policía, militar... barrendero, panadero, zapatero... quien sea, haciendo bien y honestamente su trabajo, agradézcanlo, porque necesitamos más gente así, que vea reconocido su esfuerzo por ser persona de bien, que sienta que vale la pena seguir haciendo el bien, por mucho o poco que éste sea, necesitamos más bien en el mundo.

¡Hasta el próximo cuento! Envíenme los suyos a vida@resumendenoticias.com.ve.

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