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Los Cuentos de Encarnación - Nro.64


ASÍ COMIENZA TODO...

He recibido muchos cuentos desde nuestro concurso aniversario, todos maravillosos porque reflejan deseos o experiencias transformadas en palabras que me recuerdan que no "hablo sola" a través de esta columna. Por eso no me queda más que decirles GRACIAS a todos, por hacerme compañía en este camino de soñarnos mejores.

En esta ocasión el cuento es como una ilusión, cuando lo leo me traslado en el tiempo y me imagino que así comienza una amistad, comienza todo. Disfruten de la pluma de Luis Javier Bazán en este relato sin título.



Nueva York, Junio de 1870

Todos los días cumple una rutina inquebrantable. Llega sobre las dos de la tarde, pide una botella de alguna bebida caliente y se ubica en un rincón de mucha luz, cercano a la ventana principal del bar Lost, un pequeño lugar enclavado en la zona sur de Nueva York.

Recorre dos calles, desde la biblioteca hasta el lugar. Viene siempre con traje, sombrero, un gran bastón de mando que le ayuda a caminar, un violín y una bolsa de mano. Pareciera, a veces, no tener fuerza para tanto atavío pero, al observar cómo domina las manos se intuye de su vitalidad.

No parece un hombre tan anciano pero tiene 80 años. Su piel esta llevada por los años, conserva un bigote amplio, el cabello dorado, de rizos indomables y una mirada donde oculta los recuerdos de su alma.

Todos los días cumple una rutina inquebrantable.

- Buenas tardes, amigo. (dice en claro español)
- Ha llegado un cliente puntual. (le responden del otro lado de la barra). ¿Qué va a querer hoy, lo de siempre?
- ¡No! Esta vez, tomaré licor de aguardiente. Hace unos días estuve de cumpleaños y quiero tomar algo más fuerte.

El mesero buscó algo que tenía reservado. Vicente era un hombre venido desde Bogotá con su familia que vagó por algunas islas del caribe hasta enclavar en los Estados Unidos. Traía en su sangre la tradición destilera heredada de sus antepasados de los tiempos de la colonia, del cual le queda el apellido: Walquer.

- Aquí tiene, mi señor. Con su permiso.
- Agradecido –le responde- ahora me sumergiré en estas hojas porque preparo las memorias de mi vida.

El hombre sacó de su bolsa algunas hojas amarillentas, una pluma y su tintero. Frente a la mesa todo estaba ordenado: al frente su bitácora lista para ser llenada, a la derecha un vaso con su botella y por la izquierda el tintero. Al fondo un violín que pisaba un libro de partituras. 

Todos los días, así, cumple una rutina inquebrantable.

Esa tarde había algo distinto en el salón. Cuatro mesas ocupadas y una silla vacía. En la barra, se ubicó un muchacho, quizá de unos 30 años, que venía sediento en la búsqueda de una bebida que calmase su sed veraniega.

- ¿Tiene agua?. Preguntó Samuel.

Vicente, sin vacilar, le reconoció el acento: era un hombre antillano, un casi coterráneo a quien le ofreció una botella de agua muy fresca. 

Mientras Samuel calmaba su ser, decidió escrutar el lugar. No había nada interesante en ello, sin embargo, el viejo y su violín, atendieron su atención. Tuvo un sobresalto, se fue hasta esa mesa y de inmediato soltó una frase.

- ¿Es usted el maestro de la biblioteca?. Permítame, soy José Samuel Arteaga y González, admirador de su técnica. He oído hablar de usted, de todo lo que dicen, es como el héroe de todos los músicos del sur..

Allí le interrumpe el viejo.....

- Gracias, pero usted esta confundido. Soy un viejo hombre, solitario, que escribe páginas de su vida y toca el violín para distraerse de sus recuerdos.

- Entonces, ¿quién es usted? (pregunta Samuel).

- José, para usted. Venezolano.

- Mi señor, disculpe mi torpeza, he de confundirle porque me dijeron que por estos lados podía encontrar al maestro.

- No ha de que preocuparse. No estamos en guerra y cualquier error no cuesta la vida. 

Los dos se despidieron. No hubo más palabras. Samuel se marchó del bar y José Antonio se quedó allí, en su rutina inquebrantable.

II

Una semana después, también un día lunes, coincidieron a la misma hora. Esta vez, Samuel se acercó para saludar y quiso también ser más cordial. Trajo a la mesa un vaso, otra botella y todas las ganas de compartir con el viejo.

- Henos aquí, de nuevo. Es el destino quien nos hace cruzar. (Le dice)
- Así parece. Le responde.

Samuel le pide a José un poco de tiempo, para charlar de sus raíces. Este no oculta su desgano de los años aunque se abre a contarle.

- ¿Estás seguro que quieres saber lo que escribo? (le dice José)
- Pues sí. Podemos intercambiar ideas, a mi me gusta eso de las letras y soy bueno con la música. Es más, con esta hoja inicio...

En eso toma las cuartillas amarillas, rompe el celoso orden de la mesa y exclama con crudo asombro: ¿Qué es Mucuritas?, ¿Por qué es una batalla? ¿Eras ayudante en una guerra?....

José le dice:

- ¿Estás seguro y quieres interesarte por estos papeles viejos?.
- Claro – le responde- soy aficionado de la historia...

...Así comienza todo.

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