Domingo | 03/05/2015


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Viaje Bueno - Nro.72


SUCRE Y SUS SORPRESAS

Esta tierra bendita y tricolor tiene rincones maravillosos que aún la gente no se goza como debe ser. Carúpano es uno de esos. Más allá de sus famosísimos Carnavales, Carúpano es extraordinariamente turístico y vale la pena irse en ropita cómoda a conocerlo.

Históricamente deben saber que en ese pueblo Simón Bolívar alzó su voz para decretar la libertad del Venezuela en 1816, por ahí ya es bien importante Carúpano.

Entre el malecón, el mercado para comer delicias (la morcilla y los chorizos carupanero son deliciosos y se consiguen baratos para llevar a casa) y la iglesia Santa Rosa de Lima tienen que ser visitados.

El malecón en el día es hermoso, pero al caer el sol es que vale la pena recorrerlo, el sonido del mar, los vendedores (todos con un sentido de limpieza increíble, gracias a Dios) y la brisa hacen la combinación perfecta para reflexionar o amar. Para cualquiera de la dos aplica.

El mercado es fijo. No se pierdan probar la morcilla o el chorizo con arepitas o bollitos. Ya verán como piden para llevar. No hay quejas y el sabor es alucinante.

La Iglesia Santa Rosa de Lima está en el casco histórico de Carúpano, recuerden que ellos aman y cuentan su historia como debe ser. Por donde la miren es preciosa. El Papa Juan Pablo II le entregó en el 2000 la potestad de eclesiástica y desde allí es visitada todos los Agostos por millones de adoradores de la virgen.

Y me falta la Casa Cable, era una casa vieja pero la Fundación Proyecto Paria la compró y restauró con el propósito maravilloso de hacer un centro cultural. Se llama Casa Cable porque ahí llegó el primer cable submarino desde Marsella que nos ayudó a comunicarnos con el viejo continente. Un lujo y un honor esa casa. La tienen un poquito descuidada pero aún funciona como centro cultural.

Saliendo de Carúpano nos vamos a Querepare donde las playas son DIVINÍSIMAS. Para llegar no es tan fácil, las vías de acceso están muy dañadas y la señalización no es adecuada. Pero cuando lleguen la cosa cambia. Los recibe un letrero que les indica que son playas donde las tortugas gigantes anidan, por eso no encontraron ningún tipo de servicio y la limpieza debe ser total. Hay instalada de forma permanente la carpa de los encargados de los nidos de tortugas y son gente bien conversadora. Se pueden quedar a dormir si así lo desean pero deben llevar de todo, desde la carpa hasta linternas, pasando por los alimentos y el agua. Si son suertudos verán un acto tan mágico que quedaran perplejos, ver a una tortuga desovar. Muchos lloramos. Otros se quedan mudos. Algunos no comprenden como la naturaleza nos regala tanto cuando se cuida tan poco. Varios se quedan con las ganas de fotografiar. Pero todos salimos contentos de que Dios nos premiara con ese momento.

Si no consiguen ver a las tortugas dense un buen chapuzón. En las mañanas al despertar caminen la playa y agradezcan al universo por permitirles conocer Querepare. Además de que tendrán la excusa perfecta para pernoctar de nuevo y cruzar los dedos para que las tortugas vengan.

Lleven comida para 5 personas más, compartir con los de la fundación que cuida a los huevos de tortugas merece la pena, dulces o cosas que en los pueblos es difícil de conseguir.

Viajeros, Sucre tiene mucho y más para ofrecerle al mundo. Les sigo debiendo sitios porque Paria siempre tendrá el lugar primerito en mi corazón.

Recuerden dejar todo mejor de cómo lo encontraron, las tortuguitas bebés se lo agradecen desde ya.


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