Martes | 07/04/2015


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Los Cuentos de Encarnación - No.43


UNA CADENA MENOS

Parece mentira, pero vivimos "casados" con una cantidad de estereotipos que nos hacen daño. Sin darnos cuenta andamos cargando como con grilletes de lo que "deberíamos ser" o de cómo "deberíamos actuar" que nosotros mismos nos ponemos y que terminan por hacernos infelices...

Hoy les quiero contar de uno particular que tenía yo: desde que tuve un novio y me gustó el asunto de andar en pareja me dije: "casarme y tener hijos, ése es el objetivo", además todo el mundo en mi pueblo lo decía, ésa era la total realización. Así fue que cuando todavía era una chama y tuve mi primera relación larga, me dije que ése iba a ser el "hombre de mi vida", que me casaría con él y toda la novela posterior.

Pues resulta que no fue así. Cuando me vine a Caracas a estudiar en la universidad me vine sola, mi novio se quedó por allá... y no... no fue una montadera de chachos el asunto. Por el contrario, logramos mantener la relación por unos cuantos años. Pero mi vida cambió, estudiar me proyectó hacia otros horizontes que no conocía y ya esa vida ya no era todo lo que quería. Léase bien: todo; porque todavía quería casarme y tener hijos, pero no bajo las condiciones de esa relación... mucho menos pensando que éso iba a ser mi total realización.

En fin, fue medio frustrante no poder lograr mi "sueño" con esa persona. Costó años, Dios y su ayuda la separación, especialmente la mía con mi propia idea de "felicidad". Pero definitivamente fue lo mejor.

¿Qué aprendí?

1. Que no vale la pena estar en una relación que en vez de darte libertad te ate a estereotipos o paradigmas. OJO y bien pelao: creo firmemente en el matrimonio, pero en aquél en que la pareja se va construyendo día a día, entre los dos; en el que las dos personas optan cada día por seguir juntos en las buenas y en las malas, y en el que ambos acompañan las decisiones de cada uno respetando y enriqueciendo la vida del otro.

2. Que la soltería no es un pecado, ni un crimen y mucho menos una vergüenza... Es también una opción. Créanme, vale más la pena vivir soltero y feliz, que casado y miserable, sólo por el hecho de no "quedarse para vestir santos" o evitar ese tipo de comentarios dañinos. De hecho, si ésa fuera mi opción, vestiría santos feliz y contenta sin importarme lo que los demás pensaran.

3. Que mi libertad no es negociable, no importa cuántas veces me pregunten cuándo me voy a casar o cuándo voy a tener hijos... pasará cuando pase, si es que pasa. Y casarme o no, no me quita el sueño. Si estoy sola o acompañada es lo de menos, siempre y cuando sea feliz...

¿Ustedes cómo la ven? Cuéntenme a través de vida@resumendenoticias.com.ve.

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