Viernes | 20/02/2015


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Odisea Tecnológica - Nro.21


LA ELECTRICIDAD PORTÁTIL

“¡Se le acabaron las pilas!” es una frase muy común para nosotros en la actualidad. Y aunque la fórmula enchufe-cable-carga aún sigue tan vigente como siempre, si nos detenemos a pensar hay una gran cantidad de equipos que funcionan gracias a una batería autónoma que nos ha “resuelto” la vida en muchos sentidos. Desde un sencillo control remoto para ver la televisión desde la distancia más cómoda posible, pasando por nuestros preciados celulares y hasta un vehículo que nos traslada en nuestro día a día, la pila (o batería) es la responsable de que podamos tener una fuente de electricidad autónoma. Eso debemos agradecérselo a Alessandro Volta, el inventor de la pila voltaica.

El pasado miércoles 18 de febrero, se cumplieron 270 años del nacimiento de Volta en Lombardía, Italia. De hecho, Google lo conmemoró con sus acostumbrados doodle, donde vemos cómo se enciende su nombre gracias a una pila de Volta. El italiano es posiblemente uno de los físicos y pioneros de la electricidad más célebres de la historia. Ya en su trayectoria científica había logrado aislar el gas metano y venía trabajando con aparatos basados en electricidad, sin embargo, en 1780, su amigo Luigi Galvani cambió el rumbo de sus investigaciones: no está claro si fue un accidente o no, pero Galvani notó que una rana muerta movía sus músculos cuando entraban en contacto con dos metales.

Galvani desarrolló la teoría de una “electricidad animal”, sin embargo, Volta se interesó por este hecho y más bien planteó que no hace falta el tejido animal para desarrollar electricidad de esta forma. Así que decidió hacerlo con metales: básicamente construyó una pila (por aquello de que los apiló) de discos de zinc y cobre separados por discos de cartón o paños humedecidos con salmuera (electrolito). La corriente que producía la pila en un principio era muy pequeña, pero a medida que sumaba más discos iba aumentando. Como dato curioso, como Volta no tenía cómo medirla, recurrió a su lengua para saber cuánta carga producía la pila (¿alguna vez han pegado la lengua de una pila para saber si está cargada?). Luego, esa forma de medir esa electricidad adoptó su nombre a partir de 1881 en su honor, “el voltio”, debido a la relevancia de su descubrimiento.

De esos primeros discos de cobre a las actuales pilas alcalinas o las de litio hay un largo camino repleto de físicos y químicos que mejoraron el diseño original de Volta, pero fue él quien dio el primer paso para que hoy en día llevemos aparatos encendidos de un lugar a otro. Por supuesto, sin olvidar el problema ambiental que supone ahora el manejo de las baterías agotadas por la cantidad de químicos tóxicos con los cuales funciona. Claro que esa no fue la idea original de Volta, pero aquí lo tenemos pues a él en su idea original, todos los días en nuestras manos. Hasta la próxima Odisea Tecnológica.

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