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Viaje Bueno - Nro.61


MI QUERIDO PUERTO PÍRITU

La semana pasada comprendí que si uno no sigue como borrego a la mayoría, uno es descartado de un conjunto, eso de tener una visión diferente no es aceptado por todos. Sin embargo, no puedo ser distinta. Algo así pasa con el destino de hoy. No es la primera opción de los turistas y sólo quien busca algo distinto y espectacular es quien lo visita. Por eso hice la comparación: no es seguida por muchos pero es amada por los necesarios.

Puerto Píritu es una de las maravillas orientales que tiene Venezuela. Posee historia, playa, gastronomía y una rica fauna que definitivamente la hacen especial, todo eso en poquitas calles. Es una hermosura.

Este pueblo está a media hora de Barcelona, pero el recorrido vale la pena. La vía está en buen estado y el verdor lo hace entretenido. Llegar a Puerto Píritu es desconectarse de las grandes ciudades y disfrutar de los tesoros que aún nos guarda el tricolor.

Empecemos por La Laguna de Puerto Píritu. Aquí tendrán el Mercado Municipal que es experto en sancochos y pescados. Cualquier puesto que escojan está bien, siempre hay una cocinera simpática que les echará uno que otro cuento, pero nunca un secreto de cocina. Si van a desayunar no pidan empanada de queso, pidan queso con cazón, probarán la gloria y repetirán la bendición.

Al terminar de comer busquen su lanchita para ir a una de Las Isletas de Puerto Píritu. Sea la Norte o la Sur conocerán un paraíso plano en medio del Mar Caribe.  Las Isletas son magníficas y demasiado brillantes, no tienen servicios de ningún tipo, no hay palmeras, ni pequeños árboles. Una señora dijo en plena lancha: “a mí no me gustan mucho esas islas, porque no hay ni para tomarse un agua”. Yo me quedé pensando en su desubicado comentario. Es imposible poner (en esas tierras vírgenes) un puesto de comida o cualquier otra cosa, se perdería la esencia y el brillo. Pero bueno, la gente prefiere su comodidad y no les importa conservar los espacios, por eso algunos lugares turísticos se mueren rápido.

Volviendo a Las Isletas, deben llevar todas sus cosas, toldos, toallas, sillitas plegables, comida estilo bala fría, bolsas para que se traiga su basura y suficiente agua. No son playas aptas para menores de 12 años ni adultos mayores, el sol es inclemente y no descansa hasta final del día. Por esa razón les recuerdo que no pueden olvidar su bloqueador solar. A menos de que quieran igualar mi color.

De forma natural y casi mágica, Las Isletas formaron unos pozos de agua y barro termal a los que les atribuyen poderes curativos. Por eso es que uno se cala el olor a azufre, ese lodo quita el estrés y hasta la pava. Ya saben, cúbranse de pies a cabeza y eliminen las malas vibras.  También en Las Isletas pueden practicar buceo, los fondos del Mar Caribe guardan peces y algas de millones de colores y formas. Una experiencia brutal.

Las dos islas son preciosas, no dejen de conocerlas. Los retornos de todos los lancheros son a las 3:30 de la tarde, así que pendientes del nombre de la embarcación que los llevó porque se ponen de mal humor rapidito.

De vuelta tierra firme, pidan muy educadamente en la posada donde se hospeden que les preparen un Lebranche para la cena, Puerto Píritu tiene los mejores Lebranches del Planeta Tierra y deben comérselo con  cualquier contorno. Sabe delicioso con lo que sea.

Si quieren ver algo espectacular busquen a los flamingos. Verlos es todo un show, demasiado rosado y blanco. Volando, parados, dormidos, comiendo, como sea que los encuentre su elegancia deja perplejo a Raquel y todo aquel. Ya me contarán.

Paseen por la Plaza Bolívar y compren un heladito de coco o papelón con limón para que pasen el calor. Visiten la Iglesia en honor a Nuestra Señora de los Desamparados. Todo lo tienen muy cuidado y las misas son puntualitas.

Y si algo se les olvida, El Faro tiene de todo, desde ropa, aceites, toallas y enlatados. Vayan a visitarlo. Es un símbolo importante.

Viajeros, recuerden dejar todo mejor de cómo lo encontraron, los corales se lo van a agradecer.


Viaje bueno.

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