Martes | 13/01/2015


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Los Cuentos de Encarnación - Nro.31


REGRESAR A UNO MISMO

Primero lo primero: ¡Feliz año queridos lectores! Que este 2015 esté lleno de bondad y abundancia en todos los aspectos de nuestra vida.

Ahora sí, feliz de retomar mis pequeños escritos, les cuento que gracias a Dios pude visitar mi tierra natal durante las fiestas; y aunque fueron unos pocos días, no sé si les pasará a ustedes, pero uno como que se recarga... Especialmente porque puedes recordar la simplicidad de la vida que dejaste atrás.

Lo primero que recordé, y que no pelo en ninguna visita, es que cuando uno se para justo al frente de mi casa y levanta los ojos hacia el cielo en la nochecita, siempre se ve una estrella maravillosa y grande. Me han dicho que no es una estrella, que es el planeta Venus que refleja la luz del sol; que es la estrella de la mañana porque es la primera que aparece y la última que se oculta... y como eso mil cosas que no vienen al caso. Para mí, es mi estrella de toda la vida, porque ilumina la casa donde crecí y cuando vuelvo siempre está allí, como esperándome. Detenerme a mirarla es un lujo que acá en Caracas no tengo todos los días... pero a veces cuando me siento sola o nostálgica la busco... y la encuentro, creo que es porque es mía y la debo tener amarradita a la muñeca con un cordón invisible.

No caminé mucho por las calles del pueblo, que la verdad ha crecido y cambiado mucho, pero sí pude darme cuenta que la gente está como más estresada que antes. No sé si sea como una evolución natural de las poblaciones en la medida que crecen, pero no me pareció tan tranquilo como antes, de hecho quise volver a la casita lo más rápido posible, aunque pasar rapidito frente a la plaza donde eché tanta broma con mis compañeros de liceo me dibujó inevitablemente una sonrisa.

Pude pasar también por la iglesia donde me la vivía los fines de semana; no había nadie, estaba cerrada, pero sí pude recordar mucho de lo vivido en los jardines que la rodean: rostros, sonrisas, ¡hasta algunos nombres! En especial de personas que ya no están... Poquito lo que pude disfrutar, pero ciertamente bendito.

Raticos... a veces eso es lo que hace falta para regresar a uno mismo. Y les recomiendo hacerlo de vez en cuando: recordar cuando eran niños, las personas que han pasado por su vida, los lugares que han visitado y las cosas que han experimentado en ellos... Es como un cargador que te impulsa a seguir buscando aventuras, donde quiera que estés.

¿Y ustedes? ¿Vivieron algo estas navidades que quieran compartir? Escríbanme a vida@resumendenoticias.com.

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