Para Ver - Nro.52


ENTREVISTA CON HÉCTOR PUCHE Y BEKA ALVILLARES
TODO POR LA TAQUILLA
LA HISTORIA DE 4 LOCOS QUE PERSIGUEN UN SUEÑO

“Todo por la taquilla es la historia de cuatro fumones que quieren hacer la primera película vaquera venezolana”, así resume Héctor Puche, el director de la película, su obra y Belkis (Beka) Alvillares, su esposa y productora del film, lo confirma entre risas: “así la describo yo también”.

En una conversa amena en las oficinas de De La Onza Films, Héctor y Beka me comentan que Todo por la taquilla tiene sus orígenes hacia finales de los años 90: “nace de un corto que era como una queja porque no nos gustaba el cine que se hacía en Venezuela en esa época”. Héctor, nativo de Trujillo, comenzó a estudiar Ingeniería Agrícola pero abandonó esa carrera para estudiar cine en Caracas. “Cinco o seis años después, retomo ese corto y comienzo a escribir un largo que se llama ‘Todo por la taquilla’; pero le di forma a una comedia, porque el corto era experimental y estaba como lleno de resentimiento”.

Sin embargo no fue sino hasta 2011 que la producción tomó forma. No obtener apoyo del CNAC en ese momento fue “un gran motivador”, comenta Héctor, “porque nos puso entre la espada y la pared”, completa Beka y continúa: “entonces fue cuando nos dijimos no tenemos nada pero ¡vamos a hacerla!”.


¡VAMOS A HACERLA!

Como cualquier proyecto de emprendimiento en este país, Todo por la taquilla tuvo sus momentos de dificultad: “No teníamos nada. Teníamos un apartamento y un carro, que vendimos y, además, pedimos prestado. Pero decidimos hacerla, y cuando uno toma la decisión de hacer lo que uno quiere y te hace feliz, todo lo demás empieza a fluir”, afirma Beka.

Llamaron a actores y técnicos, que no tenían trabajo ni dinero, pero que se embarcaron en el proyecto. Por eso Beka pensó que la producción no podía exceder las seis semanas, debían invertir el menor tiempo posible y había que planificar todo muy bien. “La hicimos en cinco semanas y media” afirma con orgullo.

Pero la verdad es que la providencia les acompañó durante todo el camino: “empezaron a salir las cosas”, dice Beka. Obtuvieron apoyo de la Villa del Cine, organizaron a los actores y técnicos para que fungieran como co-productores de la cinta (“eso es una gran fortaleza” comenta Héctor), apareció la Kombi (la camioneta Volkswagen que aguantó justo lo que tenía que aguantar), y en la locación más lejana, Niquitao, la comunidad se volcó a participar del proyecto de muchas maneras.


NIQUITAO: MÁS QUE UNA BATALLA

“Niquitao es un pueblito muy bonito que está en Trujillo, a pie de páramo de Los Andes, se le conoce por la Batalla de Niquitao, porque Bolívar pasó por allí cuando venía de Colombia. Esa historia le da fortaleza a sus pobladores como colectivo, les creó una idiosincrasia llena de identidad, con mucha cultura culinaria. El pueblo está muy bien conservado y los visitantes se enamoran por sus atributos y porque la gente es fantástica”, cuenta Héctor.

Hasta allá se trasladó un batallón de unas 50 personas entre actores y personal de producción; filmaron 10 días. Lo curioso del asunto es que Todo por la taquilla es una película dentro de una película, de manera que lo que estaba en el guión se complementaba con lo que se vivía detrás de las cámaras. “La realidad de la producción y del guión se parecían y eso nos motivó y generó una atmósfera para dirigir los actores, para sugerir hacia afuera procesos muy ricos. Hubo una retroalimentación fantástica que aportó verdades constantes, y yo me daba cuenta de que se nos hacía algo orgánico el proceso”.

Pero además, una de las mejores sorpresas es que los habitantes de Niquitao no sólo fueron proveedores de alimentos, guías, actores, animaleros, como efectivamente se tenía pensado que serían; sino que se convirtieron en proveedores de requerimientos de producción: utilería, vestuario, escenografía... “Fue como si se confabularan con nosotros para que todo saliera bien”.


TRABAJO DE ARTESANOS QUE NOS EXIGE UN “BOICOT” A LAS DISTRIBUIDORAS

Todo por la Taquilla es una película con “mucho sabor artesanal”, en palabras de Héctor, quien resalta el valor de hacer las cosas de esa manera y afirma que “el proceso de industrialización te quita los vínculos con el ser humano, con su trabajo primario”. Por eso están contentos con el apoyo que recibieron del CNAC al final del proceso “en lo que yo llamo el ‘automático’: promoción, salida del tráiler, etc.”.

La Villa del Cine sí les aportó equipos y otros recursos durante la post-producción, y también contaron con la Alcaldía de Caracas durante la producción y parte de la post.

Al respecto, Beka comenta “esta participación del CNAC, de apoyar o de dar el ‘automático’ a quienes no son seleccionados en su financiamiento, se viene dando a partir de unos años para acá porque la respuesta del público ha sido mucho más masiva en las salas de cine”. Y nos explica que la asistencia a las proyecciones de material venezolano es fundamental para que se siga produciendo cine nacional, y que éste sea cada vez de mayor calidad.

“Estamos en un momento histórico interesantísimo para cambiar paradigmas. Por ejemplo, la oferta cinematográfica de los distribuidores privados, que son dos, tiene que ser obligatoriamente con una cotufa y un vaso de refresco de 5 litros, y otras cosas sumamente costosas que terminan ahuyentando a la familia”, explica Héctor. Y es que el distribuidor es pechado por la venta del boleto, de hecho 1% del costo de la entrada de cine va directo a Fonprocine, que es el fondo que alimenta al CNAC y otras instituciones; pero de los alimentos (si se pueden calificar como tales) que se venden en las salas, no hay nada para apoyar la producción nacional. “Entonces reflexionando, hay que cambiar la conducta de consumo. ¡Llévate la cotufa de tu casa! Hay que hacer una especie de boicot, porque ciertamente no te obligan a comprar esas cosas, pero el sugestionamiento es duro y no hay nada como ver una película en el cine”.


¡VAMOS A VERLA!

En Todo por la taquilla, Héctor Puche vació mucho de su experiencia de vida como realizador y porque además “la película de vaqueros se iba a hacer en un pueblo andino, que es de donde yo vengo”. Ésta no sólo es su ópera prima, sino que es la primera vez que aborda la comedia como género. “Lo que busco en esencia es reírme de mí mismo, porque me di cuenta que el humor genera procesos de sanación. No sabía que era tan difícil plasmarlo, especialmente cuando te toca editar, pero terminó gustándome hacer comedia”, afirma.

Beka Alvillares complementa agregando que “esta comedia no es un chiste para hacerte reír, sino que presenta vivencias del día a día de las que, como es nuestra naturaleza venezolana, terminamos burlándonos”.

Ambos nos invitan a llenar las salas de proyección a partir de este viernes 8 de mayo, cuando se estrenará a nivel nacional, porque “se van a divertir viéndose a sí mismos y pueden descubrir un poco cómo es el mundo tras las bambalinas del cine, por lo menos desde nuestra experiencia. Y se reirán al ir detrás de esos cuatro locos persiguiendo sueños y arrastrando a un montón de gente en lo que al final se convierte en un acto de fe… y van a escuchar un buen soundtrack y verán personajes como Colina que quizá nunca se imaginaron ver en la pantalla grande”, dice Héctor.

Director y productora por igual se deshacen en agradecimientos: “a los actores, a los técnicos, al cuarteto de Dimas González, Sócrates Serrano, Alexander Fontaines y Armando Lozada (los protagonistas), Colina, José Torres, Alejandro Palacios, Karina Velásquez, los actores de Trujillo como Tití… A todos los que nos dieron algo, desde un zapato hasta el aliento...”.

Y yo les digo mis lectores #HayQueVerla, acá les dejo todas las coordenadas digitales donde encontrarán música, clips, comentarios y más, para que se terminen de entusiasmar:


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