Odisea Tecnológica - Nro.20


MÚSICA SINTÉTICA

Sin duda alguna el avance (para bien y para mal) de la humanidad se ha basado, grosso modo, en su capacidad de desarrollar tecnología que le permita solucionar problemas y mejorar su calidad de vida. Hoy en día, es difícil pensar en un ámbito de nuestras vidas que no esté tocado por la tecnología y en esta Odisea Tecnológica quiero hablarles de uno que me interesa en particular: la música.

Quisiera dedicar algunas entregas a hablar sobre el impacto del desarrollo de la tecnología en la música, y no tanto en cuanto a cómo se graba (que por supuesto ha sufrido un gran cambio) sino más bien en cuanto su composición y producción. Está claro que si asociamos las palabras tecnología con música, el primer resultado que pensaremos de esa suma es el de la música electrónica. Y por supuesto que es una respuesta obvia, sin embargo infinidad de géneros musicales alrededor del mundo (los urbanos y populares sobre todo) se ven tocados por el desarrollo de instrumentos musicales con una tecnología cada vez más refinada y específica para sus fines.

Pero les quiero hablar de un instrumento que nació del ingenio puro y que cambiaría para siempre la forma de hacer música electrónica. Y cuando digo “música electrónica” no me refiero al género musical que conocemos en el presente, sino a cualquier melodía que se genere de forma sintética de un instrumento integrado por circuitos. Ese, señores, es el sintetizador.


Para los conocedores en la materia, cuando hablamos de sintetizadores el primer nombre que nos viene a la mente es el de Robert Moog. Sin embargo, los primeros instrumentos de este tipo se remontan a finales del siglo XIX. En 1896, el inventor estadounidense Thadeus Cahill patentó por primera vez un instrumento electrónico llamado “Telarmonio”. Era un pequeño monstruo de 200 toneladas impulsado por 12 generadores electromagnéticos a vapor y que debía ser transportado en tren. En 1906 fue presentado al público en una serie de conciertos y podía generar una decente cantidad de sonidos diferentes de forma simultánea. El Terlarmonio tuvo una serie de diferentes sucesores no menos complejos, engorrosos o hasta “imposibles” para tocar de formas espontánea o fluida. La limitación, por supuesto, estaba ligada al mismo desarrollo de la tecnología que no permitía mayor diversidad de sonidos, formas rápidas de intercambiar tipos de sonidos o hasta la forma de reproducir el sonido eficientemente.

En 1963, el encuentro entre el innovador Robert Moog y el compositor Herbert Deutsch dio como resultado la creación del primero prototipo de sintetizador: un instrumentos que combinaba un amplificador y oscilador con teclado (generación de sonido) controlado por voltaje (fuente de poder). Estos primeros sintetizadores se armaban por módulos (como un mueble armable, por ejemplo) y cada uno de ellos permitía manipular la onda para generar un sonido diferente. El detalle con estos instrumentos es que a mayor cantidad de sonidos, mayor cantidad de módulos que debían ser interconectados por cables y eso en muchos casos llegaba a convertirse a un proceso y un arte de por sí mucho antes de poder generar el sonido al menos imaginado.

En 1969, gracias a la compositora Wendy Carlos, los sonidos del Moog llegaron a miles de oídos gracias al disco “Sebastián Bach enchufado” (en inglés Switched-on Bach) donde se versionaban las piezas del músico clásico casi en su totalidad con los sintetizadores Moog. Otro hito sería su uso en la banda sonora de “La Naranja Mecánica” del director de culto, Stanley Kubrick. Luego, atendiendo a las necesidades de los músicos, Moog sacó al mercado en 1970 el D Minimoog, una versión reducida, con un número determinado de módulos y con las interconexiones ya prestablecidas. Tal vez reducía el abanico, pero ampliaba la cantidad de usuarios al reducir sus costos y, además, ahorraba un largo y a veces tedioso proceso de cableado.

La evolución de los sintetizadores a partir del camino recorrido por Robert Moog avanzó rápidamente y en los años 80, gracias a la explosión de la tecnología computarizada, rompió nuevos límites. Aunque la música electrónica a partir de esta década es un género bien definido, el uso de estos instrumentos y sonidos sintéticos tuvo sus primeros expositores en el rock, sobre todo el progresivo: bandas como Emerson, Lake & Palmer, Pink Floyd y King Crimson, entre otros, explotaron la ambientación que daban estos sonidos “no naturales”. Luego, otros expositores del mundo pop expandieron el alcance de estos sonidos, como los alemanes Kraftwerk o los británicos Depeche Mode.

Por supuesto, en la actualidad estos instrumentos están al alcance de la mano en cualquier dispositivo móvil como celulares y tabletas. Pero esa es otra historia que dejaremos para una próxima Odisea Tecnológica, cuando hablaremos de los sintetizadores digitales y los softwares dedicados a la creación de música. Mientras, les dejo un pequeña muestra de lo que se puede hacer hoy en día combinando todas estas posibilidades.





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