Miércoles | 17/12/2014


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Cultura Púrpura - Nro.29


EL SEÑOR DE LAS FLORES

Aunque el frío característico de la navidad caraqueña ha tardado en llegar (quizás no hay frío como en otros años; el calentamiento global hace lo suyo), siempre añoramos estos meses para decirle a la noche “¡qué Pacheco está haciendo!”. Esa hermosa tradición que es conocida por muchos, sobre todo los nacidos y criados en Caracas, es desconocida por otros.

Hoy en Cultura Púrpura, nos venimos con el “Señor de la flores” para ver si nos trae de una vez el frío decembrino que extrañamos en una Caracas que hoy es calurosa.

El señor Antonio Pacheco fue un floricultor que vivió en el siglo XIX en un pueblo llamado Galipán ubicado en el Waraira Repano, –o El Ávila- montaña consentida que rodea a la capital de Venezuela. Es bien sabido por todas y todos que el frío que pega montaña  arriba es bastante fuerte; cuando se sube para visitar el Humboldt y sus alrededores hay que vestirse como si fuera al Pico Bolívar de Mérida y si usted es friolento como yo, más todavía.

Bueno, el caso es que el Sr. Pacheco, que era mayor, barbudo, alegre, con sombrero de guama y ruana para calentarse, a partir del mes de noviembre cuando comenzaba a hacer frío en Caracas, venía de Galipán unas tres veces por semana caminando por el llamado Camino de los Españoles –un pasaje que era utilizado por los españoles en épocas de conquista- acompañado de un burro y una carreta llena muchísimas flores para vender, frutas, dulces y especias.

El pueblo de Galipán es conocido por la producción de flores, producción que se da muy bien por el clima que reina frecuentemente en esa localidad. Hoy, muchas de las flores que adornan nuestras casas, provienen de allá.

No le gustaba el clima de Caracas, pero se atrevía a bajar desde noviembre hasta enero porque sabía que si en la montaña estaba pegando ese frío, aquí abajo seguro seguro que también aunque no tan intenso. La entrada de Pacheco era por la Puerta de Caracas en La Pastora, otra localidad caraqueña ubicada al oeste de la ciudad. Vendía sus flores frente a la iglesia y allí descansaba de la larga jornada .

Al día siguiente, llegaba hasta el Mercado de las Flores que antiguamente quedaba en la plaza San Jacinto (o plaza El Venezolano), –este mercado aún existe y se encuentra en San José, al final de la avenida Fuerzas Armadas- terminaba de vender la mercancía y volvía a subir a su pueblo.

Es por eso que se relaciona el frío navideño con Pacheco. Es por ello que podemos escuchar expresiones como “ya bajó Pacheco”, “este Pacheco no juega carritos” y mi típica frase de “esperando a Pacheco” porque amo el frío. Espero que llegue bastante rápido.

Esta es mi última columna por este año. Espero que todos, absolutamente todos sus deseos pedidos en cada uva del tiempo, en cada cucharada de lenteja que se coman, en cada subida de escalera o cada carrera con maleta y pasaporte en mano, se cumplan en armonía y de manera perfecta.

Vamos a poner alma, cuerpo y corazón para que nuestras vidas sean tan maravillosas como queramos y hacer del 2015 un excelente año para todas y todos. 

¡Feliz Navidad y Feliz Año!

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