Martes | 09/12/2014


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Los Cuentos de Encarnación - Nro.29


"LA NENA" Y KARELIA

Cuando yo estaba en el liceo, al salir de clases, la patota de compañeros nos íbamos caminando hasta la plaza para quedarnos un rato conversando (es decir, echando vai...). Una de mis amigas, le decíamos "la nena" porque era muy consentida, venía con nosotros pero siempre que pasábamos frente a la panadería se alejaba de la acera y se arriesgaba a ir por la carretera para evitar al indigente que siempre estaba allí esperando por la buena voluntad de las personas.

Recuerdo que le pregunté por qué se alejaba si el pobre señor era de lo más tranquilo, me dijo sencillamente que le tenía miedo a los "locos". Yo intenté demostrarle que ése "loco" en particular era muy amable y nada violento, pero ella no cedió.

En fin, los años pasaron y en la universidad conocí a una muchacha llamada Karelia que me hizo recordar a "la nena", pero porque su actitud era diametralmente opuesta. Les cuento:

Una tarde íbamos caminando por la Plaza de Los Museos y nos encontramos a una indigente, Karelia la saludó, entabló una pequeña conversación con ella y se despidieron amablemente. Le comenté lo que había vivido con mi amiga "la nena" y me compartió su historia.

Ella conocía a la sra. Ana porque frecuentaba mucho la Plaza, había sido guía en alguno de los museos en sus años de liceo. Comenzó a conversar con Ana todos los días y fue descubriendo que tenía hijos que la habían abandonado cuando perdió su trabajo, que poco a poco fue perdiendo sus cosas y su casa hasta que quedó en la calle... en fin, que las cosas no habían salido bien y ya estaba acostumbrada a la vida a la intemperie.

Karelia y otra compañera del liceo se propusieron darle una oportunidad a Ana: la llevaron a su casa, la bañaron, le arreglaron el cabello y le dieron ropa limpia y una buena comida. Pero Ana optó, primero por agradecer lo que había recibido, y luego por volver a las calles. Ellas respetaron su decisión y años después seguían tratándose con la misma cordialidad.

A veces, no se necesita "sacar" o "salvar" a una persona de lo que para nosotros podría ser una tragedia o un infierno, sólo con acercarse y reconocer que se trata de un ser humano, con una historia como la nuestra, basta para aliviar las penas... y a veces hasta conseguir un amigo.

Y tú, ¿superarías el miedo y te acercarías? Cuéntame a través de vida@resumendenoticias.com.ve. 

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