Miércoles | 03/12/2014


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Cultura Púrpura - Nro.27


EL MEJOR MES DEL AÑO

No tenía consciencia de qué época del año era exactamente, pero el aire era distinto. El frío en la cara al salir de la casa a la escuela era diferente, la brisa soplaba con otra fuerza, el olor era muy particular, indescriptible. Sólo sé que ya sabía que ya había llegado y la emoción me hacía un vacío en el estómago. Comenzarían todos los preparativos y las actividades que en ese mes eran completamente ajenos a la rutina de siempre.

En la escuela todo era mejor. Estaba en segundo grado, en un salón pequeño del segundo piso. Los pupitres eran compartidos, de dos puestos unidos. Yo me sentaba siempre al lado de la ventana que tenía vista directa al Centro Comercial Propatria. En esos días de compras, me encantaba ver pasar a la gente con bolsas de materiales para manualidades que saliendo de algo llamado “Secoflores”.

Mis actividades cotidianas comenzaban con 3 caligrafías en cuadernos de doble línea “Caribe” (que eran mejores que los “Mágicos”, estos últimos tenían 12 líneas y el “Caribe”, en cambio, tenían 10). Luego, hacer sumas o multiplicaciones, cuaderno de “Áreas” con su respectiva ilustración en cada tema y demás cosas del quehacer escolar en los primero años. 

De repente, esa rutina cambió: ahora debíamos llevar creyones, pega y escarcha de colores todos los días ¡Qué emoción!

A media mañana, nos entregaban copias de dibujos, sin color, sólo la línea negra en el borde. Guardábamos todo y esperaba con ansiedad el dibujo que me tocaba colorear. Buscaba mi cartuchera de creyones, mi saca puntas y a pintar se ha dicho. Primero, remarcaba los bordes para no salirme y luego rellenaba afincando bien bien el lápiz de color para que se viera bien pintado. Mientras pintaba mi obra maestra, miraba por la ventana, respiraba profundo el aire frío y seguía en mi faena artística.

Luego de colorear, sacaba un poquito de algodón que siempre me llevaba en esos días, y se lo pasaba al dibujo con cuidado para que los colores no se mancharan. Los últimos toques se los daban la pega y la escarcha.

De esa forma comenzaban las navidades en mi colegio. Así llegaba el mes de diciembre a mi vida. 

Luego se daría inicio las corales improvisadas, alguna que otra verbena o pequeños intercambios de regalos en el salón. No era nada ostentoso pues la disciplina era fuerte y, además, era pequeño en espacio y en cantidad alumnos. 

Para mí era suficientemente bueno poder comenzar así mis navidades. Al llegar a la casa era otra la dinámica navideña, pero todo ese alto en las actividades rutinarias, en el día a día de todo un año (incluyendo las vacaciones escolares), a mí me encantaba y hoy sigue siendo igual, ya sin creyones, sin escarcha y con una navidad de “grandes”. Pero ese mes es particularmente distinto. 

¡Feliz inicio de la navidad para todas y todos!

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