Domingo | 25/10/2014


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RDN Destinos - Nro.52


CHIRIMENA Y CHIRERE 
UNA DUPLA PARA CUIDAR

Como el artículo de la semana pasada sobre Mochima generó una interacción sabrosa con ustedes, a través de correos y Twitter, hoy les regalo otro destino azul para quienes les gusta el sol y andar ligerito de ropa en la costa de nuestro país.

A dos horas de la Capital, Chirimena brilla salada y perfecta. Un destino de escapada oficial para el caraqueño. Entre Miranda y Vargas, este pueblito es lo que se necesita para respirar tranquilidad y buena vibra. Por eso me gusta Chirimena. Es confiable. Pasiva. Soleada. Amable. Pero actualmente tienen basura a tres tablas por la entrada de la playa. Me parece justo y necesario que si quieren vivir del turismo como actividad económica principal deben poner más atención a este detalle, aquellas bondades que antes tenían hoy son historia porque el olor a mar se pierde con la descomposición de los desperdicios que tienen. Un poquito de por favor.

Ahora para la playa. Chirimena es familiar. Los surfistas la aman porque bien adentro consiguen buenas olas para practicar. Los servicios están disponibles, los baños son limpios, los toldos no está rotos y los restaurantes son sencillos y a buenísimos precios. Eso ya es un punto a favor. Las cocineras te preguntan cómo te preparan el pescadito frito o las empanadas. Un lujo de gente y un lujo de sazón.

El estacionamiento los fines de semana se pone complicado, pero si están de vacaciones los jueves o un lunes esta playa es relajante. Tiene pocas piedras y la arena es suave. Hasta los días de lluvia Chirimena es divina. El agua es fría pero con el calor que hace vale la pena el chapuzón.

Si avanzan un pelo más Chirere está azulita y verde. Porque es de dos colores. Es casi privada. Si el plan es en pareja, este es el lugar. Hasta romántica es. Me fascina su intimidad durante la semana. Situación opuesta a los sábados que ciertos manganzones se adentran en la playa a poner a música a todo volumen impidiendo que se escuche la brisa y el reventar de las olas en la orilla. La contaminación sónica de Chirere irrita al más rumbero. No es un carro, no son dos, son un montón de carros con millones de ritmos que a decir verdad me parece que caen en lo ridículo. Si van a la playa para NO oír el mar, pónganse unos audífonos, revienten sus propios tímpanos y dejen a quien sí ama ese sonido disfrutarlo naturalmente. Gracias de antemano.

Espero sepan apreciar el objetivo del artículo, Chirimena y Chirere merecen ser respetadas y cuidadas no solo por los bienaventurados que amanecen a diario en sus orillas, sino por todo aquel que desee poner sus deditos libres en la arena para olvidarse de la urbe y sus escándalos.

Otro domingo les contaré de las opciones para quedarse a dormir por estos lares, por hoy, el jarabe de lengua era necesario.

Recuerden dejar todo mejor, léase, mejor de como lo encontraron, el futuro se los va a agradecer.

Viaje bueno.

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