Martes | 14/10/2014


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Efemérides | 14OCT


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RDN Verde | Vida


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RDN Vida - Nro.22


LECCIÓN EN UNIFORME

Hace unos meses me sucedió este episodio que compartiré con ustedes hoy.

Primero que nada, recuerdo que al ver al militar (no me pregunten rango ni fuerza a la que pertenecìa, solo sé que llevaba su uniforme verde) entrar al vagón del metro donde me encontraba me vinieron mis dos impresiones constantes cada vez que veo a alguien con esa vestimenta: ¿debo sentirme más protegida o más bien intimidada? Y es que mi historia con los efectivos de las FAN no es muy amigable que digamos (viví un tiempo con unos tíos en un pueblo fronerizo y... no vale la pena profundizar sobre eso ahora). El punto es que suelo prestar atención a los uniformados y su comportamiento.

El joven se paró justo frente a mí pero dándome la espalda; no había asientos. Mientras yo divagaba sobre qué tipo de persona podría ser el personaje, llegó una señora con su hijo (el chiquillo tendría unos 10 años) y se detuvieron cerca. No pude seguir sumergida en mis pensamientos porque la voz del niño me lo impedía; no dejaba de reclamarle a su mamá: "No me compraste esto, eres mala conmigo" "No hay asientos, es tu culpa" "No me quiero ir parado, estoy cansado, ¿por qué me haces esto?"... Una y otra vez. La señora pacientemente y con voz suave (muy suave para lo que mi paciencia soportaba) le pedía que se calmara y que ya iban a llegar a la casa.

Dos pensamientos pasaron por mi cabeza entonces (me había olvidado del militar):
1. Darle un "tatequieto" al muchachito que ya empezaba a molestar también a los demás; pero si hacía eso despertaría al monstruo de tres cabezas que cada madre lleva dentro cuando se trata de su hijo.
2. Hablar con la madre para que calmara a su hijo, pero seguro aparecería el otro monstruo de diez cabezas a decirme (gritarme) "quién eres tú para decirme a mí cómo educar a mi hijo"...
3. Pararme y darle mi asiento al niño para que callara. Pero eso alimentaría su malcriadez y yo no me iba a permitir eso.

Cuando me disponía a cerrar los ojos y tratar de alejarme de esa escena, escucho la voz del joven: "Hey", le dice al niño "¿por qué tratas a tu madre de esa manera? Tienes que cuidarla mucho porque no sabes cuándo la vas a perder. Yo perdí a mi mamá, y la extraño mucho. Si tú no quieres a la tuya, yo me la llevo para mi casa para que sea mi mamá, porque a mí sí me me hace falta una".

El niño calló, la señora sonrió (y respiró), yo me quedé en el sitio. El joven siguió conversando y aconsejando al niño hasta que yo me bajé.

Definitivamente, tengo muchos estereotipos en mi cabeza que debo romper. ¿Ustedes? Cuenténme al correo vida@resumendenoticias.com.ve.

¡Hasta el próximo cuento!

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Cultura Púrpura


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