Martes | 30/09/2014


Leer más!

Efemérides | 30SEP



Leer más!

Nacimiento | 30SEP



Leer más!

RDN Verde | Vida


Leer más!

RDN Vida - Nro.20


LOQUITA

Cuando yo era pequeña cultivé un particular gusto por la lluvia, y seguro que más de uno de los que lee mi humilde columna lo comparte. Es algo sobre su olor o el que desprende la tierra cuando la recibe, su frescura o su vapor (en mi tierra natal hace calor y las primeras gotas a veces hacen que el piso desprenda un poco de humo), su sonido... en fin.

Me encantaba mojarme en la lluvia y más que eso, caminar descalza sobre cualquier superficie mojada por esas gotas. No sé si lo saben, pero las plantas de nuestras manos y pies son de las zonas más sensibles de nuestro cuerpo, y cuando el piso está mojado, barrido por ese torrente natural, puedes sentir una inmesidad de texturas maravillosas: la tierra, la arena, la grama, el cemento (pulido o rústico), el asfalto, el granito (pulido o desgastado), la piedra... Cada uno genera una sensación diferente y digna de experimentar. A veces puedo cerrar los ojos y sentir la grama del jardín de mi mamá y el cemento rústico de la entrada de la casa...

Ya grande, mudada a Caracas, una tarde casi noche salí de la universidad y estaba lloviendo, para disfrutar más mi chaparrón decidí tomar una camionetica (autobús en otras zonas del país), y así ver la ciudad mojada. Me picaban las manos por quitarme los zapatos, quería volver a tocar con mis pies el suelo mojado, pero me ataban todos los prejuicios... y es que Caracas no es como mi pueblo: 1. ¿Qué va a pensar la gente? ¡Que estoy loca!; 2. Esta ciudad es muy sucia, voy a agarrar una infección, segurito; 3. ¿Y si hay un vidrio y me corto? ¡Peor!... Divagaba entre justificaciones de todo tipo.

De repente, lo vi: un indigente caminando bajo la lluvia, descalzo, abriendo las palmas para sentir las gotas, como cerrando los ojos para grabar la sensación. "Debe estar loquito" pensé.

Iba llegando a mi parada y ya no dudé, me quité los zapatos y mientras bajaba del autobus el chofer me decía "Muchacha, se va a enfermar por no mojar los z..." dejé de escucharlo porque me bajé.

Definitivamente, Caracas no es como mi pueblo, se siente diferente bajo la planta de los pies: igual de congestionada que como se ve; pero caminé las tres cuadras de la parada a mi casa, por las aceras, cruzando la calle, saltando los charcos, feliz como una lombriz... libre.

Llegué a casa empapada; tomé un baño tibio, me di una buena cepillada en los pies (con limpieza de uñas incluída) y una pasada de alcohol y antimicóticos para prevenir... no necesité nada más; y a ese bajo costo volví a ser yo por un momento: una loquita...

¡Hasta el próximo cuento! Espero los suyos acá: vida@resumendenoticias.com.ve.

Leer más!

Cultura Púrpura


Leer más!