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RDN Tecnología - Nro.6


BASURA ÚLTIMO MODELO

En nuestra última Odisea Tecnológica hablábamos sobre la obsolescencia programada y sobre los viles patrones de consumo que esta práctica empresarial nos imponía, toda vez que, aunque uno estuviese satisfecho con su equipo electrónico (o de cualquier tipo), eventualmente el “progreso” te obliga a cambiar tu equipo inútil por uno último modelo, con las más novedosas prestaciones y una pantalla de zafiro que no tenemos muy claro qué nos aporta, pero la compramos. 

Pero se han detenido a pensar qué pasa con ese celular que desechan porque adquirieron el más flamante de los flamantes equipos. ¿Y con las computadoras, los televisores, los equipos de sonido, cornetas, consolas de videojuegos y afines? El hecho de que no veamos la basura no implica que no exista. Al contrario, está ahí y se acumula cada vez más y, por su parte, el espacio en nuestro planeta cada vez se hace menor.

Se le llama formalmente como Residuos de aparatos electrónicos y eléctricos y representa toda una problemática a nivel mundial, porque, aunque toda la basura contamina, esta particularmente es tóxica y dañina para el ser humano y para la naturaleza. Hablemos, por ejemplo, de un celular: ese pequeño aparato que tenemos en la mano está compuesto de diversos materiales como cadmio, plomo, cromo, oro, bronce, selenio, níquel y litio que una vez entran en contacto con el agua y la tierra las contaminan sin vuelta atrás.

El flujo mundial de la basura tecnológica suele direccionarse desde los mal llamados países del primer mundo hacia los mal llamados también, del tercer mundo. Pero no caigamos tan rápido en el engaño, que en estos países del (tercer) mundo también hay gente consumiendo tecnología, con la diferencia que una vez se convierte en desecho no va a parar a otro lugar: se queda en casa. Hablemos de cifras: se estima que anualmente se producen 50 millones de toneladas de esta basura. Eso es algo así como 3,5 kilos por día.

Hay casos dramáticos como al sur de Ghana o Guiyu, en China, que se han convertido a lo largo de los años en los grandes vertederos de basura electrónica del mundo -insisto, no caigamos en el engaño, en todos los países hay, pero estos casos son emblemáticos-. Pues, como suele ocurrir, las poblaciones más pobres de estas zonas hacen de estos desechos su modo de vida y su medio de ingresos. Día a día, adultos y niños se lanzan en estos basureros a cielo abierto para quemar los componentes y extraer ínfimas cantidades de estos minerales para venderlos a recolectores que son parte de una cadena que eventualmente vuelve a las fábricas donde se ensamblan los equipos.

Dejando de lado que les pagan sumas miserables, se calcula que para conseguir 1 kilo de oro, se tendrían que reunir 50.000 celulares. ¿En un basurero de 52 km2 cuántos teléfonos móviles pudiesen conseguirse en un día? Además de la terrible espiral de explotación que esto genera, están también las implicaciones para la salud de esta gente expuesta día y noche a respirar estos gases tóxicos. Un niño en un zona de basura del sur de Acra, Ghana, está expuesto a respirar concentraciones de plomo 50 veces mayor que en cualquier ciudad industrializada del mundo.

Ahora, como preguntaba en nuestra Odisea anterior, ¿podemos escapar de este círculo vicioso que nos obliga a comprar y desechar para volver a comprar? ¿Cuál es la solución? ¿Qué debe cambiar: el sistema, las empresas, nosotros, nuestros patrones? La respuesta ideal, por supuesto, es TODO. Pero sabemos también que se dice más fácil de lo que realmente es. Mientras tanto, desde este espacio, humildemente lo que puedo recomendar es tratar de detectar rápidamente las necesidades artificiales que nos crea el sistema económico mundial y discernir realmente entre lo que queremos y lo que necesitamos.

Lo otro, por supuesto, es tratar siempre de ser amables y considerados con nuestro hermoso planeta. Yo por ejemplo tengo en mi casa dos celulares inservibles que permanecerán ahí porque no pienso botarlos sin saber cuál va a ser su destino. Cuidemos lo que tenemos y procuremos estirar la vida útil de nuestros equipos al máximo (así ahorramos también). Hasta la próxima Odisea Tecnológica.


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