Viernes | 12/09/2014


Leer más!

Efemérides | 12SEP



Leer más!

Nacimiento | 12SEP



Leer más!

Fallecimiento | 12SEP


Leer más!

RDN Tecnología - Nro.5


DISEÑADO PARA FALLAR

¿Necesitas una pantalla de zafiro en tu celular? Sí, por supuesto, la pregunta tiene que ver con el reciente lanzamiento del iPhone 6, la nueva versión del teléfono que revolucionó el mercado de los teléfonos inteligentes en 2007. ¿Cuántas personas morderán esta vez la manzana? Muchísimas, sin duda.

Pero no les voy a hablar, por ahora, sobre el flamante celular. En realidad estoy pensando en una pregunta más profunda al respecto: ¿cuántos de quienes tienen un iPhone 4 o 5 van a migrar al 6? ¿Cuántos de quienes tienen un teléfono inteligente de otra marca migrarán al nuevo dispositivo de Apple? Y luego, vuelvo a la interrogante con la que abrí mi columna: ¿lo necesitas? Tal vez me responda una veintena de defensores de esta marca para decirme que el teléfono no es solo la pantalla de zafiro, que si el diseño, que si la experiencia de usuario y otras tantas cualidades que no dudo que tenga el teléfono. Sin embargo, yo tengo un teléfono inteligente del 2012, de otra marca y me va bien. Y créanme, como decimos coloquialmente, le saco la chicha.

Tal vez quienes me vienen leyendo desde la primera Odisea Tecnológica pensarán que la tengo agarrada con Apple, pero tampoco es eso. Hoy quiero hablarles de algo que se llama obsolescencia programada, un fenómeno mundial que prácticamente sirve de motor de la economía del sistema capitalista y del cual, lo queramos o no, somos presas.

En las escuelas de diseño industrial a los futuros diseñadores se lo enseñan como “el ciclo de vida de los productos”. Pero el detalle es que ese ciclo de vida está predeterminado, programado y deliberadamente diseñado para que repitamos, como consumidores, un ciclo vil resumido en comprar, usar, tirar y comprar.

En 1932, Bernard London, economista, propuso la obsolescencia programa como salida a la Gran Depresión de la economía mundial que se vivió en 1929. Su idea no prosperó. Sin embargo, 23 años después, el diseñador industrial Brooks Stevens se volvió una especia de gurú sobre este tema y desarrolló una ponencia que llevó a todos los rincones de Estados Unidos, también como una forma de re-activar la economía mundial luego de la II Guerra Mundial.

El símbolo mundial de la inventiva y la innovación, paradójicamente, es el ejemplo perfecto de esta práctica empresarial: el bombillo. Los primeros tenían duraciones variables, pero siempre superaban las 2.500 horas de uso. A principios del siglo XX un “incómodo” grupo de inventores de la Shelby Electric Company, lograron crear un bombillo que prendieron en 1901 y aún hoy en día sigue encendido: el bombillo de Livermore. Está puesto en una estación de bomberos y tiene un comité que lo protege día y noche. Hasta tiene una transmisión web que da fe de su vida centenaria. Lo encontrarán rápidamente si lo guglean.

Sin embargo, ante este incipiente auge de ingenio, en 1924, un grupo de países se reunió en Ginebra para discutir sobre la vida útil de los bombillos en el mundo. Este cartel –porque no se le puede definir de otra forma- se llamó Phoebus y determinó que en los próximos años la vida útil de los bombillos no debía superar las mil horas. Créanlo, a través de fuertes presiones económicas, lo lograron y así fue durante casi todo ese siglo.

Podemos ahondar en muchísimos más ejemplos (¿alguna vez han dicho/oído la frase “los carros de hoy en día son de juguete”?), pero para graficar esto perfectamente, les dejaré un documental producido por Cosima Dannoritzer llamado Comprar, tirar, comprar, donde nos muestra una de las caras más espeluznantes de nuestra sociedad de consumo.



Luego surgen otras preguntas muy importantes: ¿qué pasa con todos esos productos que desechamos porque “tenemos” que comprarnos el último modelo?, ¿a dónde va a parar tanta basura?, ¿cabe en el planeta? El tema ambiental es otro mucho más amplio y lo desarrollaré en otra Odisea Tecnológica. Por ahora solo quiero hacer esta reflexión con ustedes, ¿hasta qué punto estamos presos en este sistema que nos crea necesidades falsas para comprar algo nuevo?, ¿podemos controlar ese impulso infértil de consumir sin parar?, ¿tenemos alternativas para conseguir productos duraderos?


Podemos hacernos estas breves preguntas mientras nuestra mano viaja al bolsillo buscando el dinero que pagará la nueva pantalla de zafiro, tal vez nos detengamos a tiempo. Ya lo decía Mahatma Ghandi: “el mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos”. Hasta la próxima Odisea Tecnológica.

Leer más!

RDN Deportes | Nota Deportiva


Leer más!