RDN Destinos - Nro.43


UN AÑO VIAJANDO BUENO

La primera vez que me senté a redactar para Resumen de Noticias estaba recién estrenada como mamá. Ya ha pasado un año, un espectacular año. Mi hija Zoë ha crecido mágica y saludable, y la cantidad de escritos en mi espacio Destinos también.

Nuestro primer viaje por las anchuras de este país fue en donde crecí, el Estado Aragua. No sé si lo habrán leído pero yo lo recuerdo como si pasó ayer. Una nota. Me he gozado cada escrito, cada mensaje por Twitter que me regalan, cada anécdota que me cuentan, cada queja que me lanzan y cada sonrisa que me hacen dibujar. Como siempre he dicho, la libertad de expresión muestra lo grandioso del poder. En cada Viaje Bueno resalto lo asombroso de un lugar, otras les doy una regañada por la falta de cariño que le tienen a esta tierra y algunas veces me mata el dolor saber que ciertas personas no se fajan por poner este país pepito. La cuestión es que ustedes siguen aquí, respetando mis opiniones y aceptando mis sugerencias, así como lo hago con cada uno de ustedes.

Viaje Bueno siempre fue (desde una invitación por parte de Francisco Muñoz) un momento salvador en mi rutina. Se me olvida el mundo y puedo dejar que mis deditos corran por el teclado felices y contentos.

Hoy no puedo llevarlos a pasear, hoy preferí dedicarme a agradecerles la sinceridad y el tiempo. No puedo estar más feliz. Hace un año me encaramé el bolso de viaje y lo llené de sueños, ganas e historias. Todas mías, pero ahora todas nuestras. Son mucho con demasiado.

Varias veces alguien me dijo: tan bonito el artículo pero lo dañó todo poniendo “brutal” o “no juegan carritos” o alguna de mis josaikadas, pero yo soy todo eso. Si lo hago diferente Viaje Bueno sería aburridísimo. Recuerden que soy un manojo de rulos que habla rapidito y le gusta leer Mafalda, si cambio algo de mi forma de escribir la magia se esfumaría. Quiéranme así, yo los quiero a toditos como son.

Vamos a dedicar este segundo año que se escribe a partir de hoy a querer a Venezuela intensamente, a dejarla siempre verde, siempre azul, siempre vinotinto. Cuando estén en un pueblito y pasen cerca de una familia sentada en la entrada de su casa, salúdenlos. Hablen con quien les vende la empanada. Brinden un helado al muchachito que patea la pelota en la esquina. Conversen con los ancianos en las plazas. Háganle cariño al perro mestizo que esconde en la sombrita. No teman aceptar un café a la doña de la tienda. Estén confiados si el dueño de la posada se sienta a desayunar con ustedes. Párense tempranito y respiren el primer rayo de sol. Acuéstense tarde y vean todas las estrellas. Hagan yoga en punta de la montaña. Prueben todos los dulces típicos. Pregunten todo lo que les cause curiosidad. Fotografíen las flores y las aves silvestres. Amen tanto a esta tierra que donde se paren griten a todo pulmón que son orgullosamente venezolanos. De nuevo gracias por dejarme invadir sus domingos con mis contenturas. Los quiero de aquí a la Península de Araya, ida y vuelta.

La semana que viene nos ponemos el morral otra vez, hoy descansen y celebren el día no solo de los chamos que viven con ustedes, también brinden por ese niño interno que no podemos dejar huir jamás. Ahí está nuestro centro.

Viaje bueno.

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