RDN Destinos - Nro.37


EL MÁGICO MUNDO DE LAS PIEDRAS

Una vez una señora dijo en pleno vagón del Metro de Caracas: “lo que friega a esta ciudad es ese cerro El Ávila, sino llegáramos rapidito a la playa. Deberían terminar de invadirlo” Por supuesto, lo que me provocó fue pararme y darle un paraguazo por la cabeza por andar abriendo la boca para decir cualquier estupidez que le cruce a causa de su demencia citadina. ¿Cómo alguien es capaz de decir eso? ¿Cómo pronosticas la desaparición de tal omnipotencia natural?

La cuestión es que como siempre me puse a analizar lo que dijo, después de respirar como 30 veces hasta 100 a causa del infarto que me dio su torpeza.  La gente parece que no sabe o se hace la desentendida cuando se habla de lo nuestro. El Ávila es símbolo de belleza, vida, perfección. No es un montón de tierra infértil que se puede tomar a diestra y siniestra. Segurito que esa señora vive en otro país, o en otra galaxia, porque caraqueño que no ame esa montaña no sabe lo que es respirar profundo.

Gracias a esa “indiscreción” hoy les regalo un poco de ese verde mágico y poderoso para que se den una escapadita de vez en cuando y se conecten con la vida y con ustedes mismo.  Subir a Galipán no es difícil. Por el contrario hay distintos medios de transportes y son muy responsables. En Cotiza se agarran unos colectivos que los llevan rumbo a un pequeño paraíso frío escondido en las nubes de Caracas. Si quieren subir por su cuenta el Camino de los Españoles o el teleférico son buenas opciones.

Una vez allá arriba puedes comer platos fuertes, sopas, dulces, bebidas y más. Pero eso creo que ya lo hablamos en una oportunidad. La idea de este Viaje Bueno es que conozcan a Zóez, un ser de luz que se encargó de darle a Galipán un poco de magia. 

Él es el creador del Museo de Arte Ecológico, Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras.  No hay otro en el mundo, nosotros, gracias a Zóez, tenemos el único. Gonzalo (como se llama realmente) dice que las piedras están cargadas de conocimiento y que cuando las conoces es que sabrás su sabiduría. Y esto me parece fascinante. Claro, es importante resaltar que Zóez vive en la montaña desde que tiene 17 años de edad y sin importar lo que pase él decidió inmortalizarse en El Ávila. Este museo es único en su especie por la sencilla razón de que su creador no dañó la tierra para subir edificaciones, no introdujo objetos ajenos a la naturaleza ni mucho menos hay algo artificial. Zóez solo movió rocas, peinó la tierra y sembró poder y energía en cada metro. 

Pueden subir en grupo, pareja o solos. No hay limitantes. El precio de la entrada es para mantenimiento del lugar. Nadie los ayuda, solo la naturaleza y sus bondades. Sus hijos le colaboran con ciertas cosas administrativas. Por cierto debo destacar los nombres de sus cuatro hijos: Venus, Luna, Marte y Júpiter. Amaré esa conexión tan brutal que Zóez tiene con la Pachamama.

Bueno volviendo al Museo de Arte Ecológico, el recorrido (en su mayoría) se debe hacer descalzo, recuerden que los pies son una entrada directa de cosas buenas y malas. Allá solo entrarán buenas. La relajación, el yoga, la meditación, hasta la lloradera pueden llegar como la brisa. El lugar es magnífico. La carga de energía es impresionante. Hay una actividad que Zóez prepara para sus visitantes que te permite encontrar el equilibrio y la paciencia en minutos o en horas. Las rocas son las protagonistas pero no es necesario saber que si alcanzan esas dos cosas es porque el equilibrio de nuestra vida está en nuestras manos, y si no se logra debemos trabajar a diario para conquistarlo. Es cuestión de concentración. De fe. De ganas.

Viajeros, no pierdan la oportunidad de conocer el Museo de Arte Ecológico, Jardín de la Piedras Marinas Soñadoras. Regálense el chance de compartir con Zóez. Inviten a alguien. Esta experiencia se debe vivir con alguien más.

Recuerden dejar todo más bonito de cómo lo encontraron, cada roca y cada piedra se lo van a agradecer.

Viaje bueno.

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