Martes | 03/06/2014


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RDN Vida - Nro.7


Y CUANDO MENOS TE LO ESPERAS... ¡ZAS!

El cuento de hoy no lo protagonizo yo, pero soy como un actor de reparto, es decir, yo estaba allí cuando todo pasó y como no soy escaparate de nadie... Primero que nada, como deben haber intuído por mis cuentos anteriores, deben saber que yo soy del tipo de persona que habla con todo el mundo, en la calle, en la oficina, en la camioneta, en el edificio... Así soy yo. Pero no todo el mundo es así y la protagonista de hoy pertenece a ese otro grupo de gente. Lean con atención:

En mi oficina tenemos un vigilante, José, un muchacho humilde que tiene dos hijos, y una "señora de servicio", Nelly, una muchacha también humilde que tiene una hija preciosa. Yo, por como soy, me relaciono mucho con ellos y en medio de la situación de desabastecimiento que vivimos todos, pues nos hemos organizado una especie de sistema de alarma para avisarnos cuando se consigue algo, hasta trueque hemos hecho: harina por azúcar, aceite por leche... y así.

Una compañera, Julia, mujer muy amable pero que no participa de nuestro "sistema", nos escucha conversando un viernes y nos comenta que no consigue harina por ninguna parte y que está necesitada del producto. José salta de inmediato: "Yo tengo varios paquetes en la casa, el lunes le traigo dos". Julia nos miró y sólo respondió "Ok". La verdad no creía que aquél muchacho con quien poca relación tenía y apenas intercambiaba un "buenos días" en la mañana, fuera a ser capaz de acordarse, después de todo un fin de semana, de traerle (y a ella) dos paquetes de harina.

En fin, llegó el lunes y yo me detengo a conversar con José, como siempre; llega Julia y José de inmediato salta de nuevo "Aquí le traje" y saca una bolsa con dos paquetes de harina de maíz.

La cara de Julia no fue normal. La verdad fue incríble comprobar cómo jamás se esperó ese gesto de este muchacho. Más aún, cuando le pregunta "¿Cuánto te debo?" y él responde "No se preocupe, cuando usted consiga me los repone", como las publicidades de Mastercard, no tuvo precio presenciar aquello. Ella por supuesto se deshizo en agradecimientos y él sólo se sonreía.

Creo que desde entonces Julia y José conversan más, no me extrañaría ahora verla también hablando con Nelly e integrándose a nuestro "sistema". Definitivamente hubo un cambio en su actitud hacia las personas. ¿Se dan cuenta lo que puede hacer un simple gesto de solidaridad hacia un desconocido o casi desconocido?

Yo sigo fascinada con la situación, es maravilloso ver cómo, cuando menos te los esperas... ¡zas! La bondad pone un punto de inflexión en la vida de la gente.

¡Hasta el próximo cuento! Y no se olviden de compartirme los suyos o los ajenos que hayan presenciado al correo: vida@resumendenoticias.com.ve.

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RDN Cultura | Cultura Púrpura


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