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RDN Cultura - Nro.5


¡QUÉ VIVA EL JOROPO, CARACHA!

Luego de unas buenas vacaciones (y bien merecidas), regreso a esta vitrina para hablarles de algunos temas de quehacer cultural.

Vengo de los llanos venezolanos. A mis 33 años de edad, nunca había tenido la oportunidad de acercarme a esas tierras que parecen infinitas, tanto que uno cree que toda tierra existente en el planeta es de uno. Sencillamente hermoso. Es un amor a la tierra que me parió tan grande, que provoca meterse en el medio de la sabana y gritar.

Llegue a una posada en Barinas, en la vía San Silvestre, atendida por puros llaneros súper amables, con su manera característica de hablar “eso es puritiiiica verdad”, viven la vida sin estrés alguno y aman a Jorge Guerrero.

¡Y vino la inspiración para la columna de hoy! Hoy hablaremos del Joropo Venezolano.

Nunca es tarde cuando la dicha es buena, dicen por ahí. Este año fue declarado el joropo venezolano como Patrimonio Cultural de la Nación, un baile que tiene poniendo a bailar a la gente de esta tierra maravillosa desde hace más de 250 años.

Proviene de la mezcla de varias culturas: la africana, la indígena y la andaluza, en la fusión de dos géneros musicales ajenos a nosotros: el fandango español y la música melismática, que aplica “la técnica de cambiar la altura de una sílaba musical mientras es cantada”, muy usada en cantos religiosos. 

Según Juan Carlos Ojeda (juancarlosojedacultor.wordpress.com) el origen de la palabra “Joropo” viene del baile que llaman “Xoropo escobillado”. En realidad era la llegada del fandango a Venezuela, ejecutado con los instrumentos, en su mayoría, de cuerda: el cuatro, la bandola, la bandurria y el clavecín.

El llamado joropo, jarabe, fandango o fandanguillo, como también es conocido, aparece en el año 1749, según el registro de algunos autores estudiosos de este género musical. 

Los negros y mulatos que habitaban estas tierras, copiaron la música que sonaba en las grandes fiestas de los mantuanos, y agregaron dos instrumentos musicales más: las maracas (de origen indígena) y un arpa de bambú (de origen africano).

A pesar de ser mal visto y condenado en tiempos de la colonia por la Capitanía General y por la Iglesia Católica debido a su forma de baile que “generaba lazos de sexo por los contactos de las manos y los extremosos movimientos propios del baile”, este género fue adoptado por los venezolanos, convirtiéndose hoy en sinónimo de tradición y sentimiento patrio. ¿A qué venezolano no se le pone el corazón grandote al escuchar esta música?

En la próxima entrega, hablaremos del vestuario, formas y tipos de joropo existentes en cada región y del por qué todos deberíamos echar un pie, así sea puro zapateo, para disfrutar de esta música tan sabrosa y tan nuestra.

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