Lunes | 21/04/2014


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RDN Vida - Nro.1


¿ALGUIEN HA VISTO MI ZAPATO?

Todos los que usamos transporte público sabemos que viajar en el Metro (de Caracas, de Los Teques, IAFE u otro similar) puede llegar a ser un verdadero infierno. Pero pocas veces nos detenemos a ver esos chispazos de solidaridad que resaltan la calidad humana de los venezolanos... Les cuento uno de esos hechos milagrosos...

Estaba yo haciendo mi cola para montarme en Plaza Venezuela, era una de esas (cada vez más raras) veces en las que la gente está perfectamente ordenada en la espiral delineada en el piso del andén... y ¡zas! Ha llegado un tren vacío. Como era de esperarse y como dice la canción, todo se derumbó; el gentío se aglomeró y se apretujó tratando de quedar todos de primeros en frente de una puerta. Pues ni modo, me tocó formar parte del tumulto y me metí en la marejada que, en cuanto abrieron las puertas, intentó entrar a una vez por la abertura.

Como era de esperarse, más de uno salió golpeado, pisado, magullado y otros "ados". Improperios desde los más educados: "salvajes", "animales"; hasta los más groseros que no pienso escribir aquí; se dejaron escuchar aquí, allá y más allá, recordemos que ahora los trenes de la línea 1 son un contenedor gigante sin divisiones entre vagones, tal cual culebra ponzoñosa.

Resulta que cerradas las puertas, con la respectiva dificultad, y calmado el ambiente, de repente se escuchó, con un poco de timidez pero lo suficientemente fuerte para que todos oyeramos, una voz femenina: "Si alguien encuentra un zapato es mío, por favor pásenmelo". Y como si de una catarsis del estresante momento que todos habíamos vivido hace segundo se tratara, la gente estalló en carcajadas. Lo interesante del caso es que, mientras reíamos y así apretujados como estábamos, todos intentamos mirar al piso a ver si encontrábamos el fulano zapato.

En la siguiente estación, Sabana Grande, el zapato no había aparecido; pero al llegar a la estación Chacaíto apareció el susodicho debajo de los asientos cercanos a la siguiente puerta del vagón, había recorrido un trecho largo.

No sé a ustedes, pero a mi me pareció algo bonito, me dí cuenta que en medio de tanto desbarajuste, un grupo de gente, desconocidos todos, nos juntamos para encontrar un zapato que alguien había perdido. Y me preguntaba ¿cuántas veces nos detenemos en nuestra corredera diaria para "encontrar el zapato" de otro? ¿para ayudar?...

A veces, en los lugares menos esperados nos encontramos con la bondad. Si tú te la has encontrado, cuéntame, mi correo: loscuentosdeencarnacion@gmail.com está a la orden y así podrás ver tu historia publicada acá.

¡Hasta el próximo cuento!

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