RDN Destinos - Nro.30


UN PEDAZO DE BRASIL EN ISTMO CARIBE

A veces nos embotellamos en casos y personas que no aportarán más que un aprendizaje después de una gran herida. En ese plan hemos estados todos, o al menos la mayoría. Nos quedamos pegados en un pasado doloroso y cruel que al fin de cuentas no es más que eso, pasado. Este viaje bueno va dedicado a un lugar en el Istmo Caribe - Boca de Uchire, donde conocí a una mujer muy mágica y un lugar aún más mágico. 

Venezuela es tan perfecta que tiene un lugar para todo. Para rumbear, para correr, para escalar, para descubrir, para llorar, para reír y hasta para la paz. Me atrevo a decir con toda la responsabilidad que involucra, que Boca de Uchire es ideal para conseguir la paz absoluta. 

Aquí en Istmo Caribe, a 9 minutos de la Iglesia de Boca de Uchire en la calle 8 de la urbanización Marylago está el templo Sonho Meu, el maravilloso espacio que Marianela creó para quienes amamos esta tierra y creemos en todas su bondades. Apenas llegan los reciben con una sonrisa de oreja a oreja, si ella está ocupada (porque atiende personalmente a sus huéspedes) su mamá, la Sra. Ramona, y el Sr. Daniel son unos anfitriones espectaculares. Te muestran todo el lugar, tanto la posada original como los nuevos espacios que antes era la casa del poeta Douglas Gutiérrez que era un duro del arte e hizo de las casas de Marylago una dicha visual. En esa casa nueva “El Sol de la Botellas” la creativa Nela (como de cariño le dicen) instaló otras habitaciones preciosas y bien organizadas para que los que nos quedamos a dormir allá gocemos de un momento íntimo y casi puro dentro de esa magia que envuelve a Sonho Meu.

La historia de cómo Nela decidió tener su posada luminosa es fenomenal. Un viaje a Brasil, convertirse en Turistóloga y amar a su país, fueron las fichas claves para que hoy Sonho Meu le alegre la vida a sus huéspedes al ritmo de Bossa Nova. Desde que te levantas hasta que te duermes la música te invade de buena vibra. 

La playa no está frente a la posada, pero la escuchas clarito porque está a tres minutos caminando. Pasas un pasillo naranja y ahí, dispuesta para que la respires profundo está la playa. No es para bañarse ni para bucear, es más para relajarse, tomar bebidas sabrosas y coctelitos que Nela y su equipo preparan con amor. Hasta unas hamacas ponen en las cabañas que Sonho Meu construyó para que nos instalemos a ser felices frente al mar. A las 2 de la tarde, bien puntual, llega el almuerzo directo a la cabaña, calientico y exquisito. De verdad que la consentidera es mucho con demasiado, pero yo me dejé consentir tanto que hasta una masajista llevaron para quitarme las durezas del cuello producto del estrés caraqueño. ¡La felicidad!

Les cuento que ahí conocí a Elvis, una cantante de Bossa Nova que además de simpática, es una de las personas más cargada de buena fe y energía positiva que he conocido. Nos vimos rapidito una mañana mientras ella agradecía al mar, a la vida, al universo por regalarle un año más de vida. Y me pareció tan milagroso que exista gente aún con esas ganas inmensas de agradecer por respirar. La amé. Al día siguiente tuve que hacerlo, me levanté bien temprano y a las 7:15 de la mañana me fui a decirle al mar que no le pediría nada, sólo que como es obra de la supremacía de Dios, que le dijera de mi parte que las gracias que les mandaba eran totales y eternas. Hice yoga, respiré profundo y escribí en la orilla de playa todas las cosas que quería que el mar se llevara (tal y como Elvis me lo enseño) y las borrara de mi, tan fácil fue que las olas venían sin demora a suprimir de la arena todas aquellas palabras que desde ese día deshice de mi vida.

Elvis, si lees esto, se que nos veremos más adelante. Nada es casual y esas palabras que compartimos esa mañana serán bandera eterna en mi casa. Mis hadas siempre te llenarán de luz.

Volviendo a Sonho Meu, les cuento que la cosa no termina en el almuerzo, la cena es lo más cumbre. Preparan sus terrazas para las parejas enamoradas que los visitan. Flores, luna, comida suculenta, atención de primera y una brisa marina que cierra con broche de oro el romanticismo. 

Dentro de la posada tienen un jacuzzi al aire libre con una cascadita divina que relaja al más estresado del salón. Una cosa maravillosa. Por supuesto, durante el baño de gracia escucharán Bossa Nova perfecta para subirle volumen a la fe. 

Sin duda alguna, Nela, su mamá, Carolina (la chef) y el Sr. Daniel nos regalaron un fin de semana perfecto. Conocer a Sonho Meu es saber que Venezuela tiene gente buena haciendo cosas extraordinarias por el turismo nacional. Gracias por tanta tranquilidad, Nela.

Cuando vayan no olviden el protector solar ni el repelente de insecto. Si quieren ponerse negritos como yo el bronceador los ayudará mucho, pero sin abusos.

Viajeros, recuerden dejar todo el pueblo mejor de cómo lo consiguieron, a punta de Bossa se lo van a agradecer.

Viaje bueno.

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