RDN Destinos - Nro. 21

El Hatillo: El escape más cercano

Viajeros, nos volvemos a encontrar. Este 2014 está destinado al deleite y respeto de nuestro territorio nacional. Venezuela necesita una sobredosis de optimismo, de trabajo, de nobleza, de fe. No le demos la espalda ahora que tanto nos necesita. Hagamos buenas acciones a diario, digamos “buenos días” con una sonrisa, digamos “gracias” con firmeza, digamos “por favor” con cariño y perdonemos de corazón. Este año nos regala 365 días en blanco para escribir una gran historia, por eso todos los domingos les regalaré una de las mías. Hoy empezamos con el Estado Miranda, así que pónganse el morral llenito de sueños y felicidad para arrancar juntos este primer Viaje Bueno 2014.

Miranda siempre ha tenido ese privilegio geográfico que nos permite disfrutar la urbe, las playas y las montañas. Es hermosa. Tanto así, que posee un lugarcito alejado pero no tanto, que los obliga a ponerse esas bufandas que no usan con frecuencia y aliviarse en un ambiente colonial e inclinado. El Hatillo es por referencia la escapada más cercada que tenemos los caraqueños.

Dentro del municipio Baruta y custodiado por sus habitantes, El Hatillo les abre sus puertas para que gocemos de lo lindo en su calles angosticas. La iglesia es la favorita de quienes buscan misas alegres, una que otra boda exclusiva y unas plegarias separadas de la bulla. Tomarse un chocolate caliente es casi obligatorio, igual que comerse una pizza, una copita de vino tinto y una buena conversación. Hasta para los más románticos es la decisión perfecta. Subiendo por la iglesia en la Calle Bolívar, está el Museo Audiovisual Pancho Pepe Croquer  que gracias a las donaciones de muchas personas ha reforzado su muestra añeja y pulcra de antigüedades. Desde los discos de la famosa serie mexicana “El Chavo del 8” hasta fotos de famosos autografiadas y radios antiquísimos, este museo siempre está abierto al público sin ningún tipo de costo. Podrán deleitarse con  un piano hermoso que aún funciona, muchísimas máquinas de escribir, que les confieso son mi debilidad porque mi mamá era docente de mecanografía y aprendí a escribir en ellas desde muy pequeña, teléfonos, páginas de periódicos y más.  Contarles aquí sería un abuso, tienen que visitarlo. Ginetth, una de las encargadas me contó que su fundadora, la Sra Beatriz Croquer, a quien cariñosamente le dicen “Betty” creó estos espacios para poder recordar esas calles de techos rojos que disfrutaron nuestros abuelos. En el piso de arriba del museo está la terraza Betty Croquer Restaurant, en donde el chef Wilfredo Mora les presenta un menú amplio de pizzas finitas, cocinadas a leña y suculentas. La pasta es otro de sus fuertes, pidan la que quieran que sin problemas se las prepara rapidito y con un sabor que no jugará carritos.  Acompañen con un jugo natural o un vino, la pasarán estupendamente. La música es lo máximo y por las noches ponen velitas en las mesas para ese toque romanticón y magnífico de Betty Croquer Restaurant. Si se les ocurre la idea fantástica de ir un sábado por la noche tendrán música en vivo.

Si lo que les gusta es el dulce, tendrán una fila de establecimientos para comerse una que otra torta espectacular. Churros, helados y perros calientes también están de moda en El Hatillo.

Yo soy fanática de El Hatillo, el clima es sumamente perfecto, la gente es un lujo de amabilidad y la seguridad es visible. Hace una semana estuve almorzando y conocí el Centro Artesanal Hannsi. Señores, es otra cosa.  Son 3.000m2 de exposición. La gente que estableció este lugar merecen el respeto y el aplauso de pie de todo el que pise el sitio. La cosa es así. Desde que entras ya sabes que saldrás con las manos llenas, hasta mi hija salió con un títere increíble de Francisco de Miranda (recuerden que para mí es el más grande de la historia). Lo primero que te encuentras son millones de cosas para la casa, para la cocina, móviles preciosos. Hay una sección de juguetes tradicionales increíbles, muñecas, juegos de mesa, perinolas, marionetas, caballitos y más. Al salir de esa primera etapa está la zona primera en mi corazón; es como una choza indígena, con fuentes que tienen peces reales y  coloridos. Aquí yo enloquecí de amor y mi alma se puso grandota de orgullo, artesanía fina, perfecta y nuestra. Asientos, cuadros, máscaras, instrumentos, las hamacas tiene su sección aparte, figuras talladas (amé la de los chigüires), textiles, recordé a mi mamá muchísimo porque es amante de las fachadas y allá habían como mil, artículos religiosos para tirar para el techo, cuadros y todo lo que puedan necesitar. Ahora, para terminar de ser mis favoritos, instalaron una pequeña librería que tiene de todo, unos cuentos infantiles que necesitaran tener para sus pequeños y hasta los más famosos que andan buscando. Ya lo saben, no dejen de visitar el Centro Artesanal Hannsi, no tiene desperdicio, es hermosa, huele rico, te atienden divinamente y tienen a Venezuela completica para llevar.

Y antes de retirar el carro del estacionamiento principal, cómprense en los puesticos de adentro unas Mermeladas Gourmet Artesanales Pícara Tentación de adicción asegurada. La de manzana-canela es una gloria y la atención merece la pena.

Viajeros, ya les dije. Tienen un destino precioso en El Hatillo. Ámenlo tanto como su gente para que nos dure muchos años más.

Recuerden dejar cada calle mejor de cómo la consiguieron, sus habitantes se lo van a agradecer.

Viaje bueno.


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