RDN Destinos - Nro.20


Caracas es Caracas: Parte VI

Caracas es donde nací, donde disfruto vivir y donde siempre he sido feliz, a pesar de todo. Esta ciudad está tan llena de caos que sería importante regalar todos los días un poquito de amabilidad en las calles para abreviar las malas caras. Cumpliendo mi deuda, hoy los llevaré a subir El Ávila, porque hay que celebrar que esta semana cumplió 55 años como Parque Nacional. Viajaremos montados en un funicular que sube y baja todos los días desde Maripérez.

Desde el año 1.956 este cerro verde y vivo tiene su teleférico, pero cáusticamente ha tenido tantos altibajos que no fue sino hasta 2.007 que arrancó con todas sus fuerzas y con nuevos equipos. Antes de seguir quiero resaltar que unos dicen que es Waraira Repano y otros que es Guaraira Repano. También afirman que este nombre significa: tierra de dantas o sierra grande o la ola que vino de lejos y otro montón de nombre más. Esto ha creado una gran confusión en los libros, sitios web, folletos. Quien sepa su real significado con bases, me lo hace saber y gracias de antemano.

Bueno, volvamos. Para llegar a Ávila Mágica deben llegar temprano a la estación de Maripérez. Si llegan después de las diez de la mañana se calarán una cola de una hora y quince minutos aproximadamente, pero como estamos en época de vacaciones lo tienen bien adornado, hay ventas de snacks, chicha, tizana, entretienen con música navideña y videos culturales en las pantallas del pasillo. Ahora bien, si van con un grupo familiar, con amigos o pareja, lo pasarán rapidito y no se aburrirán. Igual, hay como tres funiculares antiquísimos que merecen ser vistos y los niños son los fanáticos número uno de estas antigüedades. Al llegar al torniquete de entrada unos muchachos (súper amables y muy educados) les indicarán donde se van a parar, son como unas órbitas pintadas en el suelo numeradas del uno al ocho. Entonces, viene lo bueno. Llega el funicular (no se detiene, pero se mueve lentamente) y deberán subirse lo más rápido posible, tampoco corriendo, pero si lo más rápido. Yo siento que no deberían montar ocho personas sino seis, pero bueno. 

La cuestión arranca y lo maravilloso comienza. El viaje es como de unos diez a doce minutos. Si suben de espalda a la montaña verán a la Caracas más hermosa y callada que jamás pensaron. Llenita de casas, edificios, autopistas, urbe. Desde allá arriba se ve inofensiva como un montón de piedras de mar que son incapaces de hacer bulla, colas, mentadas de madre. Así. Silenciosa e inmensa se ve mi Caracas. Si suben de espalda a la ciudad verán el verdor inigualable de este cerro bendito. Farallones, rocas, árboles preciosos, caminos y más. Cualquier dirección que les toque es estupenda.

Al llegar se bajan igual, rapidito. Los reciben amablemente el personal de bienvenida y Pacheco. Por favor no dejen la chaqueta. Si van con niños menores de cinco años, incluyan además de su suéter una cobijita caliente porque el frío es brutalísimo cuando caen las tres de la tarde. El camino es hermoso, no es largo les advierto de una vez, pero todo lo que hay se disfruta al máximo. Algo espectacular son los personajes de Ávila Mágica. Son estatuas vivientes, divertidas y preciosas. Se encontrarán con un hada, personajes de antaño, el mismísimo Negro Primero (el del billete de cinco bolívares) los saludará y les dará la bienvenida a la montaña, y mi favorito el galán Charles Chaplin con su mejor atuendo y sus carismáticas muecas. Todos tienen un frasquito para que puedan poner su colaboración, tomarse fotos y hasta preguntarle cosas del parque. Ellos están preparados para todo. Una ingeniosa manera de enseñar.

Los puesticos del camino tienen de todo. Venden las populares fresas con crema, melocotón con crema, flores, enrollados, dulces típicos, detalles para regalar, muñecas, plantas enanas, gorros, bufandas y más. Hasta helados. Por supuesto el famoso chocolate caliente de Pacheco lo tienen que probar.
Hay un señor que los perseguirá por todos lados cantando versos improvisados y alegrando a todos. Hasta que se detengan y le  hagan caso o bailen con él no dejará de tocar su cuatro para arriba y para abajo llenando de alegrías los senderos.

Si les gustan las caricaturas el maestro Héctor Tobar es el mejor para esto. Este gran pintor llegó de Chile hace más de cuarenta años y desde entonces se instaló en nuestra ciudad para dar un toque de genialidad y  arte a los venezolanos. El maestro Héctor es tan famoso que la gente espera pacientemente su turno para sentarse en el banquito alto.  Allí se respira frío y se confía en que el pintor resalte nuestras virtudes y mejore a gran escala nuestras debilidades. Cada caricatura es mejor que la otra. Es un tipo brillante. Si quieren que dibuje a sus hijos estén tranquilos, el maestro tiene mucha tolerancia y hace que cada persona que se quiera dibujar se sienta un modelo. Es increíble lo que hace con un lápiz. No hay errores. No hay manchas. La pintura siempre será perfecta y se llevarán a casa una obra de arte divertida y valiosa. Es extraordinario y todo un caballero. Por los precios ni se preocupen, de acuerdo a la cantidad de personas que se vayan a retratar es el total, ya están establecidos y valen la pena. Está ubicado antes de llegar al Hotel Humbolt, tiene una sombrilla color verde manzana. 

Y ya que llegamos al Hotel les cuento que actualmente está en remodelación. No hay nada que ver, solo escombros, tablas, bolsas y bloques. Todo muy desordenado. De hecho, hago un llamado a las autoridades de Ávila Mágica para que impidan el paso a este lado. En bien peligroso. Con una cinta amarilla se ahorrarán bastante malos ratos como los niños lastimados con los objetos punzantes. 

La pista funciona perfectamente. Se hacen largas colas de espera para patinar sobre hielo. Lo malo es que no hay patines suficientes y esto hace que todo se demore un poco más. De resto podrán pasar un rato distinto y sublime con los cachetes congelados.

Viajeros, este es el último Viaje Bueno de este año. Viajamos mucho estos meses. En el 2.014 seguiremos dándole la vuelta a nuestra hermosa Venezuela. Gracias por seguirnos, por acompañarnos, por estar domingo a domingo leyendo estas líneas. Son de las grandes cosas que pasaron este año. A celebrar estas fiestas con mis dos “C” decembrinas: Contentura y Conciencia. No a los excesos (a menos que sean de regalos), no a las malas vibras, no a la pólvora.

Disfruten su destino navideño y déjenlo mejor de cómo lo encontraron, el año nuevo se los va a agradecer.

Viaje bueno, 2.013.  Gracias.

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