RDN Destinos - Nro.19


Aragua: En Azul y Verde

Si hay algo que identifica a Aragua son sus costas y azules. No hay discusión. Pero resulta que Aragua también es verde montaña, naturaleza y fauna. Entonces, como buena amante de esta última les regalo un pedacito azul y otro verde para que sigan amando a este estado central lleno de bendiciones.  

Arrancamos este viaje por Ocumare de la Costa y Cata

Ocumare de la Costa es una belleza. Un pueblito muy pintoresco y familiar que tiene como actividad económica principal el turismo. Que grandes. Ocumare de la Costa es, gracias a Dios, un destino no tan visitado como debería, pero esto tiene sus ventajas. Ya les cuento.

Esta maravilla custodiada por la montaña (Parque Nacional Henri Pittier) los recibe con unas calles limpias, antiguas, blancas y con brisa marina. Gente caminando tranquila y feliz porque son bienaventurados de vivir ahí. El pueblo sale precioso en las fotos, la iglesia de San Sebastián es visitada en Enero por diez mil caminantes que se llegan a pie desde El Limón para cumplir promesas al patrón de Ocumare de la Costa, por ejercicio, por amistad o porque son amantes de estos retos. Si quieren saber un poco más pueden ampliar información en www.caminatasansebastian.com.

Asimismo, Ocumare de la Costa presenta su playa “El Playón” que es cómoda para todo tipo de visita, bien sean familiar, amistosa, romántica o solitaria. Es divina. Es azul. Y es limpia. Las posadas y restaurantes están por esta zona. Antes de reservar hospedaje cuadren bien los servicios de comida ya que pocas ofrecen desayunos y no todas tienen restaurantes propios para ordenar. Mosca con eso.

Los restaurantes todos son frescos, no se paren por nada. Coman en el que mejor vibra les dé. Todos cocinan pescadito recién sacado. Las fosforeras no juegan ni un segundo y las empanadas de mariscos son la locura de amor. Ahora, si les parece que El Playón no cubre sus curiosidades, La Boca es la opción, pero no para bañarse, sino para agarrar peñero y visitar costas cercanas como La Ciénega (que se las detallaré en otro Viaje Bueno), Chuao, Cepe o Cata. Y escribiendo Cata, también se las voy a regalar. 

Cata es una costa demasiado azul y demasiado fría. Majestuosa. Aunque por mala suerte construyeron unos edificios enormes que me irritan la vida porque son peor que los miércoles, muy atravesados. Pero volviendo a la playa, Cata es maravillosa, generosa y como les dije, fría. Es ideal para acampar, para tomar bebidas con frutas y escuchar música con gente buena. Hay baños, no tan limpios pero hay, restaurantes, toldos, sillas, en fin, en cuestión de servicios está bastante bien. La visitan mucho, va gente de todo tipo. Cata nos discrimina, por eso la amamos todos. Muchos dicen que la playa es mitad pública y mitad privada, pero en temporadas altas eso no aplica. Así que no caigan en eso. Toda Cata está llenita de cocoteros, sombra, brisa y el agua es igualita de un lado o del otro. Si se paran frente al mar y caminan a mano derecha llegan al río Cata. Es una buenísima idea para sacarse el agua salada y alejarse del escándalo y el sol.

Si son de los que aman la playa pero una tipo tranquila, Catica se los tiene. Ahí mismito en Cata hablen con los pescadores que los llevan en sus peñeros sin tanto regateo. Cobran barato y los buscan puntuales. Ahí tienen arenas más blancas y menos algarabía. 

Ahora vamos a lo verde. En la época de Gómez el Henri Pittier iba a albergar a los turistas en un gran hotel dentro de la montaña. Gracias a la vida, esta idea solo quedo en el sueño, aunque la arquitectura esté de pie y sea impresionantemente bella. La Estación Biológica Rancho Grande es mágica. Es uno de mis lugares favoritos en este país. Tiene historia, plantas, animales y es el hogar de los investigadores de la Universidad Central de Venezuela. Esta presencia humana se encarga del mantenimiento del edificio, la gestión de las pernoctas, el pequeño museo y llevan a cabo la observación de aves. La única parte habitable es la terraza. Tiene salones enormes donde dictamos unos talleres de liderazgo a mis chicas scouts, cocina, comedor, habitaciones con literas y baños con agua helada. Los encargados cobran una pequeña cantidad de dinero para mantener estas áreas. Razonable. 

Rancho Grande tiene un museo en ruinas en la parte de abajo donde quedan algunas maquetas del parque nacional, de lo que sería el hotel y muchos murciélagos; lastimosamente ha sido saqueado en sopotecientas oportunidades. Esto sigue enervando a muchos pero nadie hace nada. Tiene un sendero de interpretación que no es muy popular porque no tienen suficiente personal para las visitas guiadas, pero si antes conversan con un guardaparques les puede apoyar perfectamente. Los escorpiones están en todas partes, así que usen gorras o algo que les cubra el cabello. Observarán árboles de más de 50 años de vida, pero no intenten treparlos. El investigador Andrew Field se murió por andar encaramado en uno de esas inmensidades y su muerte abrió la posibilidad de usar el sendero únicamente para su interpretación y respiración. Las guacharacas modelan la selva contenticas y yo paralizada del terror, uno que otro pajuí  pasará rápido y si son los suertudos del día un águila harpía los dejará observarla.

Viajeros, espero disfrutaran del azul y verde que les dediqué este domingo. Aragua seguirá sorprendiendo al mundo con sus tantos milagros naturales.

Recuerden dejar cada color mejor de como los encontraron, los aragüeños se lo va a agradecer.

Viaje Bueno.

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