RDN Destinos - Nro.3


San Juan de los Morros: La entrada del llano

Este Destino más que una recomendación para los que disfrutamos el conocer nuestro país es un “abrir de ojos” para los que habitan este lugar, quienes entre la basura, la delincuencia y su desinterés obsceno no cuidan lo que tienen. Además, siento necesario y cercano que para hacer un mejor país debemos creerlo y hacer lo que podamos. Es esta mi manera de promover la Venezuela que tanto quiero. Entonces, me dirijo a ustedes, residentes y visitantes. Les presento San Juan de los Morros, la entrada del llano.

Quizás el vivir un par de años allá me hace ser la persona dolida y creyente que escribe este espacio. Dolida porque esa capital está llena de bellezas descuidadas; creyente porque soy evangelista de que querer es poder. 

Sus guardianes, Los Morros de San Juan  o como se conoce por decreto, Monumento Natural Arístides Rojas, son extraordinariamente imponentes. Te saludan minutos antes de llegar al pueblo. Siempre verdes, siempre atentos. Desde hace 64 años fue decretado monumento natural y tiene un alto valor geográfico, turístico y científico. Verlos es quererlos.

Tienen que registrarse en la casa del guarda parques antes de realizar cualquier expedición, las escaleras para llegar a la cima estaban en mal estado y algunas despegadas de la base, sin embargo, estuvieron en restauración. Por eso hay que reportarse antes de subir,  saber si es conveniente, y si todo está bien tendrán la fortuna de llegar al tope para respirar la brisa divina del llano. Un lujo total.  

Hay dos sitios hermosos que han sido olvidados pero vale la pena visitar. El primero es el enorme “Sanjuanote”.  Casi 20 metros de santo. Esta majestuosa estatua invita a recorrer las calles de ese pueblo que tanto protege. Ahí mismo en la Plaza Bolívar se pueden comer unos raspados de frutas refrescantes o las arepitas dulces que venden al lado de la iglesia principal que son riquísimas. 

El otro es el Monumento de la Bandera. Yo, fanática de Sebastián Francisco de Miranda, disfruto mucho todo aquello que levanta en su honor. Tiene una fuente que posee copas antiquísimas con tierra de los suelos donde se libraron las batallas más importantes de Venezuela, custodiadas por cóndores enormes que simbolizan la sabiduría de sus líderes. Amo la historia y sus rincones. Les gustará. Es tranquila y muy bonita.

Por supuesto, no puedo dejar de nombrar el Balneario El Castrero que tanto han rescatado. Sus aguas son deliciosas, tiene churuaticas en las que consiguen amarrar la hamaca, compartir y cocinar una parrilla. Son varias pozas, cada una tiene señalizado los sitios de riesgo para saltar y el baño que se darán en ellas será relajante e inolvidable. Cerca venden comida y bebidas. Los hervidos o las cachapas son los fuertes.

Y hablando de cachapas aquí me detengo, respiro y escribo con contentura: las mejores cachapas me las comí en “El Cachapón de María”. Brutalísimas. Para empezar, son del tamaño del plato, poderosas, rellenas de cuanta delicia te pasa por la mente y los precios son justos. Vía Plan de las Vacas (donde verás los amaneceres más románticos del llano) María está con una sonrisota y su equipo de cocineras para preparar las cachapas más buenas de este país. Ya les dije.

Si desean llevar un regalito, frente al mercado municipal queda la Casa del Artesano, encontrarán variedad de artesanías, orfebrería y pinturas. No se arrepentirán. De hecho, el artista plástico y mi amigo, el Señor Andrés Eloy González Uvieda siempre está dispuesto a contar alguna buena historia de la cultura del estado. Un tipazo.

El Hotel Aguas Termales, El Mirador, Las Villas Olímpicas (aunque tienen la manga de coleo más grande de Latinoamérica no es un sitio que recomendaría pues soy activista de la defensa animal), las empanadas operadas de la Plaza Bicentenaria o “El Hambre” como la conocen muchos, sus fabulosos artesanos y la chicha sabrosa que venden en las esquinas de la avenida Bolívar, hacen de este pueblo un destino excelente para recrearse. 

Recuerden que deben dejar estas calles mejor de cómo las encontraron. No ensucien, Sanjuanote y los niños lo van a agradecer.

Yo pienso reconciliarme con San Juan de los Morros, espero ustedes también.

Viaje bueno.

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